El soundtrack de un corazón chiquito

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Parecía no extrañarme tanto como yo a ella y experimentaba un sentimiento contradictorio, pensaba que, qué bien que estuviera tan bien, pero, y ¿por que no me extraña?, sentía como si no le hiciera falta.

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En Julián Villarreal 111 estuvo la casa que formo parte de una vecindad del centro de la ciudad, habitada por una pequeña familia de tres donde el padre hacia tareas por las noches y la madre a un lado arrullaba a su crío, aunque primero terminaba dormida ella, agotada de la jornada laboral y doméstica, así es como en silencio aquel niño hacía compañía a su papá.

En la oscuridad veía a mi papá solo con una lampara de dibujo encima que le permitía ver lo que estaba haciendo sobre su mesita, mi madre a un lado mío profundamente dormida y yo inmóvil casi sin querer respirar. Había que evitar a toda costa ser descubierto. Así podía pasar horas sintiendo a mi lado la respiración de mi mamá dormida y a mi papá concentrado en lo suyo, aislado con unos audífonos gigantescos puestos sobre sus oídos como los del duende Bubulín.

Cada noche la música escapó de sus audífonos, era tal el silencio, que yo podía escuchar con claridad cada canción a veces solo interrumpida por el sonido de los camiones o autobuses que pasaban por aquella esquina próxima y se colaba al interior de la casa. A un lado de mi papá estaba un gran librero lleno de cosas de esas que hay en todas las casas y uno de sus peldaños tenía discos LP, carretes de cintas y 8 tracks, seguramente su repertorio era muy variado, pero yo sólo recuerdo a Janis, Zeppelin y Mama Lion en esas noches en las que no me podía mover para no ser descubierto.

Desde entonces la música fue una conexión con mi papá, el primer regalo que puedo recordar con emoción fue una pequeña grabadora negra cuando tenía tal vez entre 6-7 años. Hacia mis propios casettes que  grababa con música del radio, a veces hasta la hacía de locutor, les ponía nombre y en ocasiones hasta le dibujaba “cosas” a la portada del casette: Descanso Dominical de Mecano, Simplemente y Otra tocada más de El Tri fueron mis primeros tapes que aún conservo, bueno en realidad están en custodia de mi padre en su casa, pero el jura que son míos.

Él construyo un lazo conmigo a través de la música, creo que de forma inconsciente, creo que solo compartía conmigo eso que tanto disfrutaba y atesoraba, mi primer concierto fue de Miguel Ríos y el TRI en la hoy vieja y abandonada Monumental Plaza de Toros Monterrey, lo acompañé a cada concierto, a cada tocada, caminábamos a la salida de los conciertos desde la Monumental hasta el Obelisco para ahí tomar el camión de regreso a casa.

Algunos años pasaron, fuimos a muchos conciertos juntos, nos fuimos haciendo más, y con cada uno de mis hermanos construyó este vínculo, una paternidad con una influencia muy musical.

Hoy yo soy papá.

Cuando se decide ser padre y se hace por primera vez, realmente no se está consciente de la magnitud de esta responsabilidad y el compromiso que se adquiere cuando se está dispuesto a asumirlo, es más bien como un salto al vacío, no hay red, solo se va equipado con una mochila llena de las mejores intenciones, los mejores deseos, anhelos, lo que uno vio en su casa como hijo, muchas ilusiones y también temor e incertidumbre del papel que desempeñaremos.

Una vez que me instalé en este papel y hoy a 2 mil 912 días de asumirlo apenas vislumbro la dimensión de este hecho, siento una plenitud que tiene que ver con el corazón, tal vez con el alma, no lo podría explicar de una forma clara, porque también siento miedo, temores que no sentía antes, que no conocía. Han cambiado algunos conceptos importantes desde entonces, ha crecido mi espíritu si es que lo tengo (yo no usaba estos términos) y no tiene nada que ver con lo divino.

Pues bien, los temores a veces se materializan y así sucedió acá, el formato de felicidad estándar no siempre se acopla a todos, las cosas no resultan como deberían y llega el momento de replantearse o improvisar otros caminos y así, de pronto, tuvimos que dejar de ser 3 para ser 1 ½. Un profundo vacío me invadió, no podía concebir la idea de no poder ofrecer a mi hija una familia “normal” como de la que yo fui parte. Esto no estaba en el plan, jamás lo estuvo, solo la idea de saber que para eso no estábamos preparados ni ella ni yo, me mataba. En frente tenía una situación de la que yo no tenía el control, no podía evitarle a mi hija ese dolor de separarnos.

Hoy la semana me parte en dos de jueves a domingo, su visita nos conecta y me repara, quiero que te vengas a vivir todos los días conmigo es lo que pienso cuando la abrazo. La nueva realidad llegó y con ella tuvimos que empaquetar el dolor y el sufrimiento para después, porque la vida no se detuvo y no se detendrá jamás. Sin embargo, me sorprendió su fortaleza, su normalidad ante esta nueva realidad recién llegada. Parecía no extrañarme tanto como yo a ella y experimentaba un sentimiento contradictorio, pensaba que, qué bien que estuviera tan bien, pero, y ¿por que no me extraña?, sentía como si no le hiciera falta.

Pero con el pasar del tiempo la descubrí, ahora creo entender cómo lo hace, ¿cómo es que no me extraña como yo a ella los días que no estamos juntos?, y es que ella encontró una forma brillante y sutil, replicó mi playlist, las canciones que más me gustan, las que escucha cuando estamos juntos, y lo escucha cuando no está conmigo. No lo hace de forma consciente solo lo hace, lo escucha en el coche de su mamá y en su tablet. Aprendió cada palabra, cada estrofa de canción que cantamos juntos, es así como a través de la música ella pone un pequeño parche a su corazón.

-El padre y la hija tuvieron su primer concierto cuando ella apenas tenía meses de nacida y juntos han ido a más de 25 conciertos entre tocadas y recitales, los sábados son de matineé en la sala y comparten sus playlists de Yotube a la de “uno y uno” mientras el papá prepara el almuerzo preferido de su hija “huevos a la canasta”. El padre tendió un lazo musical sin darse cuenta, tal y como lo hizo el ahora abuelo con su hijo.

Alejandro Okusono

Hago diseño industrial de forma profesional, disfruto mucho de la fotografía, en ocasiones me da por ser como Pepe “El Toro”, y tomo algunas tablas para construir “cosas”. Soy un casi-melómano, tengo un diplomado en Mercadotecnia Estratégica, también tengo cuadritos en la espalda de tanto estar tirado en la hamaca junto con mi retoño de 8 años y últimamente me da por compartir a través de las palabras.