El “silencio” de los niños 

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Al leer los testimonios recabados a través del movimiento #metoo, he notado que muchos abusos, acosos u hostigamientos ocurrieron durante la infancia o la adolescencia, pero solo en la adultez los hemos compartido, por ello creo que es importante reflexionar en cómo dar voz a los niños.

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Son las 2:50 de la tarde y tengo que salir corriendo de mi casa si quiero llegar a tiempo a mi clase de inglés. Me asomo por la ventana de la cocina para ver si alcanzo a salir o mejor me espero a que él se vaya.

Son ya varios días que llego tarde, pero a mis 12 años prefiero el reclamo de la Sra. Melva, mi maestra, a tener que disimular, por largos minutos, que no escucho los insistentes silbidos de ese hombre treintón que se sienta en su auto a esperar a que me pierda en la distancia para irse a su casa a las 3 en punto, cuando termina su jornada laboral.

Sí, a mis 12 años, con un físico más cercano al típico niño nerd de los años 90, que al de una mujer, ese hombre piensa que es divertido acosarme con silbidos. Hablo de mi físico porque la sociedad me enseñó que las mujeres bonitas a eso se exponen, que además es un reconocimiento de su belleza.

Para mi, que además estaba lejos del estereotipo, fue una tortura que duró casi 3 años, toda la secundaria, hasta que terminé mi curso de inglés, que sí disfrutaba mucho.

25 años después, todavía me pregunto porqué no le dije a nadie, porqué no le platiqué a mi papá que ese hombre, que él conocía, me acosaba todos los días, porqué no le pedí a mi mamá que saliera conmigo, aunque fuera a acompañarme con la mirada unos metros.

En su momento me llenaba de vergüenza pensar en compartir algo así con mis papás, no tenía idea de si yo era la culpable, si era una especie de derecho que ese hombre tenía, solo por ser hombre, o si todo era parte de ese “convertirme en mujer” que se supone llega en la adolescencia.

Con 4 millones y medio de víctimas de abuso infantil, México ocupa el primer lugar en estos delitos, dentro de los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de acuerdo con la misma instancia, cifra que puede ser mucho mayor, si se considera que solo es denunciado uno de cada 100 casos, según el Colectivo contra el Maltrato y Abuso Sexual Infantil.

Estas estadísticas dan terror. Yo no sufrí nada más que acoso, pero cuántos millones de niños como yo nunca dijimos nada, cuántos niños como yo dejamos a un hombre continuar con su vida, cuántos de esos hombres pasaron del acoso al abuso.

Al leer los testimonios recabados a través del movimiento #metoo, he notado que muchos abusos, acosos u hostigamientos ocurrieron durante la infancia o la adolescencia, pero solo en la adultez los hemos compartido, por ello creo que es importante reflexionar en cómo dar voz a los niños.

Cómo podemos ayudar, como adultos, a implementar esta apertura, comunidad, acompañamiento en la cotidianidad de niños y niñas. Entender, como adultos, que los niños sienten culpa, que no son responsables de lo que sufren, que no es normal, ni parte de ningún proceso. Aprender a no reprenderlos por compartir una situación que resulte incómoda.

Tras vivir una niñez en donde el tema del acoso y abuso no estaba en la conversación, ahora, como adultos, debemos sumar al diálogo actual el silencio que todavía habita en los niños y niñas.

Adriana Loya

Soy comunicóloga y he trabajado 15 años en medios impresos y digitales como reportera y editora. Estoy convencida de que la información debe ser accesible para todos. Gracias a la timidez crónica que padezco, desarrollé el gusto por ser espectadora y traducir en palabras mi percepción de lo que pasa.