El riesgo entre tus piernas

Tal parece que nacer con genitalia femenina es uno de los mayores riesgos para la vida de una persona. Según cifras del Instituto de Estadística y Geografía (INEGI), se estima que cada 4 horas, al menos 1 mujer es asesinada de manera violenta. Mutilada, asfixiada, ahorcada, degollada, quemada, apuñalada o baleada.

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Wendy baila en Los Faroles, un bar de Oaxaca donde el no tan sutil aroma a humo, alcohol y sudor inundan el espacio. No baila a ritmo con la música, pero induce los movimientos más atractivos a los hombres que llegan sin falta a entregarle sus ganancias para sentirse que son dueños de su cuerpo, al menos mientras su dinero dure. Hoy eligió un pequeño atuendo con brillos dorados que destaca la piel morena de sus curvas, lleva los labios rojos y se mueve en el escenario para su audiencia cuando reconoce a su pareja adentrándose por la puerta principal; anoche tuvieron una discusión acalorada. No acostumbra visitarla en el trabajo, quizá no puede esperar a la noche para verla de nuevo y arreglar sus problemas. Se le acerca, mirándola fijamente, pero sin saludarla. A Wendy no le permiten sostener relaciones personales durante su turno, por lo que procura no interactuar con él, ni con su mirada; pronto tendrá un descanso. Mientras suena el acordeón y música banda saliendo de la única bocina que aún funciona en Los Faroles, de pronto se siente empapada por un líquido, ¿su pareja le había aventado agua? Tiene un olor peculiar, sin pensar demasiado solo se le ocurre gritarle, abandonando por completo su puesto. Aún sin entender a fondo qué sucedía, el hombre que entonces consideraba su pareja acciona su encendedor arrojándolo hacia su cuerpo, y se dispone a huir mientras los gritos de Wendy ahora enmudecen el son del acordeón. 

Tal parece que nacer con genitalia femenina es uno de los mayores riesgos para la vida de una persona. Según cifras del Instituto de Estadística y Geografía (INEGI), se estima que cada 4 horas, al menos 1 mujer es asesinada de manera violenta. Mutilada, asfixiada, ahorcada, degollada, quemada, apuñalada o baleada.  En 10 años, alrededor de 22 mil 500 mujeres fueron asesinadas, -niñas, adolescentes y adultas- y hasta un 38 por ciento de los homicidios fueron a mano de un esposo, novio, o familiar directo, todo esto tan solo en nuestro país. Si bien es cierto que en la mayoría de los casos la razón que conlleva a cometer el acto es basada en género, las autoridades fallan en reconocerlos como casos de feminicidio, reportándose como no intencionales, e incluso como suicidio. 

La misoginia es una falla de la civilización, y aqueja a la mayoría de las sociedades existentes en la actualidad. En un estudio realizado por la consultora Ipsos Mori, donde se levantaron encuestas a 27,551 adultos en 24 países, se concluyó que un 18 por ciento de la población en el mundo considera que la mujer es inferior al hombre. Asia, por ejemplo, destaca como el continente con mayor violencia de género en el mundo, donde tan solo en la India hay al menos 300 reportes de ataques con ácido contra mujeres anualmente, aunque se estima que ascienden aún más los casos no reportados de mujeres atacadas por sus parejas, por rechazar una propuesta de matrimonio, rechazar una invitación a tener sexo, o para deshacerse de ellas tras haberlas violado. Con ácido o entre llamas, estas mujeres viven desfiguradas -si acaso sobreviven- en un mundo en que el hombre que se ha declarado dominante, encaprichado por mantener su estatus, recurre a arrebatos de violencia frente a un futuro cada vez más empoderado para ella.  

La realidad es que no hay un lugar seguro. En casa, en el supermercado, en la escuela, en el trabajo; no hay espacio con protección suficiente del peligro que conlleva el nacer con una vagina. Todas tenemos miedo; quizá unas más que otras, pero todas nos sabemos siempre vulnerables. No importa quién seas, el país en el que naciste, la profesión que elegiste, o la personalidad que te caracteriza; el riesgo está ahí, justo entre tus piernas. Es tan cierto para los miles de mujeres asesinadas cada año, como para Wendy, que en su camilla adhiere con vendas su carne viva, aferrándose aún por no formar parte de esa aterradora estadística.  

Carolina Salazar

Tengo 26 años y vivo en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Soy graduada en Letras por la Universidad de Monterrey, con especialidad en Ética y Ética Ambiental. He dirigido mi carrera profesional a intentar aportar algo de mi vocación y habilidades hacia la construcción de un mundo más justo. Me apasiona la naturaleza, la música, la literatura, y disfruto pasar tiempo con algunos placeres culposos como reddit y dormir más de la cuenta.

4 comentarios en “El riesgo entre tus piernas

  1. Excelente denuncia, con un triste y lapidario diagnóstico:
    “en un mundo en que el hombre que se ha declarado dominante, encaprichado por mantener su estatus, recurre a arrebatos de violencia frente a un futuro cada vez más empoderado para ella”.
    Gracias por crear conciencia, se requieren más, miles de denuncias como esta y mayor difusión.

  2. Lamentable, pero tristemente cierto. Tradiciones, religiones que alimentan costumbres infames. El hombre vive en la creencia del “ser superior”. Lo manifestamos contra la naturaleza, contra los animales, pero lo más patético, es el pretender que un humano es superior a otro por que es “hombre”. Gracias Carolina, por compartir este sentimiento, que como hombre me avergüenza.

  3. Rita Segato menciona que la figura masculina inconscientemente -aunque sin justificarlo- obedece a un mandato histórico de masculinidad, es decir se siente obligado a luchar por un sitio que a su sentir, está siendo arrebatado por las mujeres, y en ese sentir, la única vía que encuentra para recuperar el espacio perdido es la violencia.
    Es una pena que tengamos que morir día a día en espera de que ellos comprendan que en este mundo hay espacio para todos.

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