El Piporro tiene miedo

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México está cambiando, pues escenas como ésta, donde una mujer que es violentada públicamente y recibe ayuda de desconocidos, son cada vez más comunes. Golpear o maltratar a un mujer en público, ha dejado de ser un asunto “privado” y cada vez más personas están dispuestas a hacer o decir algo, aunque no sean precisamente héroes o policías.

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Hace un par de semanas viajé a la capital y me tocó presenciar algo. Una amiga y yo vimos una escena citadina: una pareja discutiendo a gritos, en el estacionamiento de un supermercado. No mayores de 30 años, ambos de tez morena, ni pobres ni ricos, una pareja normal. Aparte de ellos y de nosotros, el estacionamiento estaba vacío, a media tarde de un sábado.

Él le gritaba, la tomaba de los brazos y la mujer luchaba para salir de su prisión.

¡No te vas a ir, tenemos que hablar!, gritaba él mientras la sujetaba del brazo izquierdo.

¡Suéltame, déjame ir, déjame irme! gritaba ella, a voz en cuello, mientras se esforzaba por soltarse, apoyada contra la pared del estacionamiento.

No soy muy valiente. Diría que soy más bien cobarde. Pero había algo en la voz de ella que me decía que estaba muy desesperada.  Pasé saliva y, sin consultar a mi amiga (cosa que debí haber hecho), avancé caminando en su dirección.

Mido 1.78 m. y peso más de 110 kg. Fácil le sacaba 15 cm y 40 kilos al hombre. Me acerqué y estando a unos cinco metros, con la mejor imitación de voz del Piporro, con acento fuerte norteño, dije:

¿Te está molestando este hombre? ¿Necesitas ayuda?

La pareja volteó y me miró. ¡Él no la soltó! Ella me miró y sonrió. No sé si era una mueca de miedo o una sonrisa de vergüenza, y me contestó con una voz temblorosa:

No, no, así somos, así somos. Y seguía sonriendo, mientras el tipo me miraba, sin soltarla.

Siendo sinceros, me quedé atónito.

Mi amiga le ofreció una salida:

Si necesitas, te acompañamos a tomar un taxi, o te pedimos un Uber, no tienes que estar sola.

La mujer, aún sujeta por las manos, nos sonrió, ahora sí, con vergüenza evidente, y negó otra vez:

No, no de verdad, estamos bien, así somos, de verdad, así somos.

Yo mire a mi amiga, y ella se encogió de hombros. Después vi a la pareja y no supe qué decir. Él empezó a alejarse de nosotros, sin soltarla, y ella volteaba y nos repetía, mientras se alejaba:

No hay problema, de verdad, así somos, de verdad.

México está cambiando, pues escenas como ésta, donde una mujer que es violentada públicamente y recibe ayuda de desconocidos, son cada vez más comunes. Golpear o maltratar a un mujer en público, ha dejado de ser un asunto “privado” y cada vez más personas están dispuestas a hacer o decir algo, aunque no sean precisamente héroes o policías.

Pero todavía no es suficiente.

En México, del 2014 al 2017, se han cometido 8 mil 904 asesinatos de mujeres; de los cuales menos del 30 por ciento, 1 mil 886, se clasifican como feminicidios. Y son menos aun los que llegan a una sentencia condenatoria para los acusados.

Hay que entender algo muy importante. No es un asunto privado cuando un hombre asesina a una mujer. No es algo que esté pasando entre ellos.

Cualquier agresión se persigue de oficio, esto quiere decir que cualquier denuncia puede iniciar una investigación de parte del Ministerio Público.

Los asesinos de mujeres muchas veces son hombres aparentemente corrientes. No criminales endurecidos, ni enfermos mentales y su violencia usualmente no se denuncia. Es raro que alguien diga algo cuando es testigo de las primeras señales.

La cultura de la denuncia todavía requiere trabajo de nuestra parte como mexicanos.

Al final mi amiga y yo nos quedamos mirando mientras él, sujetándola del brazo, se la llevaba. No encontramos policía cerca y, siendo sinceros, estaba yo tan sorprendido por la actitud de ella, que no se me ocurrió llamar al número de emergencia. No los seguimos. Vimos mientras se alejaban en silencio.

A lo largo de ese fin de semana, la sonrisa avergonzada de la mujer, la mano de él aprisionando su brazo, se quedaron conmigo. Mi amiga me explicó que ella quería ayudar pero no puedes ayudarla, si ella no quiere.

Pero quizá este mensaje llegue de otra forma a esa mujer:

Quien quiera que seas tú, mujer de 28 a 30 años, a quien gritaron y sujetaron en el estacionamiento del OfficeMax de Av. Revolución 780, en Ciudad de México, a las 18:30 horas, hace unos cuantos días. Aléjate del tipo que te violentaba. Denúncialo por maltrato y avisa a tu familia y amigos lo que él te hace.

No te conviertas en una estadística más de feminicidio.

Ernesto Yip Valentín