El final de una época de represión, adiós a los granaderos

Por |

Me detuvieron y me acusaron de traición a la patria o lo equivalente a terrorismo, me contó en el mismo momento que aventaba el humo de su cigarro. Nos metieron a un sótano, donde nos amenazaron y golpearon. Nos mantuvieron allí por unos días y en cada uno de ellos fuimos golpeados, amenazados y psicológicamente torturados.

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

Era 1 de diciembre y Gustavo me invitó a un bar a festejar junto a su novia y algunos de sus amigos más cercanos el fin de un ciclo, así lo mencionó él. Fumando sobre la acera, afuera de un bar en el centro de Monterrey donde esa noche se tocaba rock rupestre. Comenzó a explicarme con un rostro que mostraba alivio y acompañaba de ciertos suspiros, el sentido de ese día, que conmemoraba algo sucedido seis años antes, exactamente cuando fue detenido injustamente por granaderos en la Ciudad de México, donde residía entonces.

Con la voz entrecortada comenzó a relatar su participación en las protestas de aquel día. En ese entonces él tenía 33 años y se dedicaba a atender un negocio familiar. Era el día de la toma de protesta del ahora ex presidente Enrique Peña Nieto y al igual que muchos otros en diferentes partes del país, se manifestó ante lo que consideró una imposición respecto al resultado de la elección. Hasta el dia de hoy se desconoce la cantidad de detenidos arbitrariamente por parte de distintos cuerpos policiacos, entre ellos los hoy extintos granaderos.

Me detuvieron y me acusaron de traición a la patria o lo equivalente a terrorismo, me contó en el mismo momento que aventaba el humo de su cigarro. Nos metieron a un sótano, donde nos amenazaron y golpearon. Nos mantuvieron allí por unos días y en cada uno de ellos fuimos golpeados, amenazados y psicológicamente torturados. También me relató que después de unos días fueron llevados al reclusorio norte donde los abusos de autoridad eran el pan de cada día.

Mientras él recordaba, su cigarro ya se había terminado y una canción del grupo Arrabal se escuchaba desde dentro del bar; él encendió otro cigarro y con la misma lumbre me ayudó a encender el mío. Te hacen menos, wey, dijo. No importa que tan fuerte seas, día a día entre los guardias y los mismos reos te dicen que te vas a morir, que te van a matar, te quiebran el espíritu.

En forma de confesión continuó la charla; la herida siempre va a existir; refiriéndose al tiempo que estuvo en prisión. Por fortuna su abogado comprobó que no existían pruebas que lo culparan y logró que lo declararan inocente. A pesar de que el recuerdo amargo persiste, él se sinceró conmigo y me dijo que lejos de haber reducido sus ganas de lucha, esa experiencia le ayudó para reafirmar sus convicciones. Agradecido por la gente que en ese momento le ayudó, me dijo: hay que devolver la copa, por eso ahora ayudo a gente como cuando a mí se me apoyó.

El 5 de diciembre Claudia Sheinbaum tomó protesta como Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y desde ese mismo día pidió desaparecer de manera definitiva al cuerpo de Granaderos, en cumplimiento de la demanda que desde hace más de 50 años se exigió en el pliego petitorio del movimiento del 68. Según cifras oficiales se registran en la Ciudad de México un promedio de 3300 manifestaciones cada año resguardadas por  los granaderos. Este cuerpo de seguridad fue denunciado ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) por uso excesivo de fuerza y represión violenta contra la población. También la CDHDF ha detectado casos de tortura, detenciones arbitrarias y robo.

¡Basta de represión al pueblo!  Seis años después del encierro de Gustavo, se ha ido Peña Nieto, se ha eliminado a los granaderos, pero nosotros nos mantenemos y las cicatrices perduran. Que seamos más como él, que nuestras heridas sirvan de aprendizaje y sean combustible para el recorrido de nuestras contiendas. Cortémonos el cabello en señal de iniciar un nuevo ciclo, un nuevo sexenio. Tal como me lo comentó Gustavo, quien radica ahora en Monterrey y se dedica a la docencia, hoy comienzo otro ciclo, tengo a mis padres, mis hermanos, mi novia, mis alumnos y mantengo mi activismo apoyando desde mi trinchera.

Entramos al bar, parecía que el momento emotivo había concluido. Entre sonrisas y brindis los integrantes de la mesa festejamos junto con él este nuevo comienzo. Terminé mi cerveza, que se había calentado sobre la mesa después de abandonarla para fumar mientras conversaba afuera del bar. Destapé una nueva, helada, y brindé por él y por nosotros, por este nuevo ciclo, ¡Salud!

Miguel Bretón

Licenciado en Psicología. Ha sido docente de materias humanistas, creador de una radio web y de un grupo de expresión llamado Puntos Suspensivos. Se considera rockero de nacimiento, agnóstico y un constante cazador de preguntas, siempre insatisfecho con las respuestas.