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El fantasma que me fatiga

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¿Escuchaste eso? – Le pregunté a mi esposa antes de dejar los cubiertos y salir corriendo a la computadora para atender una videollamada entrante. Al desbloquear la pantalla no había llamada perdida, ni notificación, ni nada.

Creo que esta era la tercer vez en la semana que me pasaba algo similar: escucho un tono de llamada o de notificación, pero al parecer solo suena en mi cabeza.

¿Será normal que esto suceda?, me pregunto.

Espero que no. Estoy pasando por la semana laboral más pesada del año. Hablo de trabajar muchas horas y descansar pocas. Aunque desde enero sabía que esta semana seria así, e incluso procuré prepararme, el cansancio y la fatiga me pesan demasiado. Mis hombros se achican, tengo un dolor de cuello constante y algunos problemas para dormir.

El otro día desperté con un correo en mi bandeja de entrada. Me reportaron un problema y pasé todo el día pensando en cómo resolverlo. De esas veces que a uno se le va el hambre, se pone de malas y lo más catastrófico es que conforme más piensa en ello, más se aleja de resolverlo. Estresado y de malas me fui a dormir, pero aún en este supuesto descanso seguía pensando en el problema. A las pocas horas de haberme dormido: ¡Eureka! Me vino una idea a la mente, acerca de cómo resolverlo. Me levanté, fui a la computadora y finalmente pude decir “problema resuelto”. Sinceramente extraño los días en que el sueño era para descansar y no para seguir trabajando.

Hoy, al mirarme al espejo, recordé aquella escena de la película “Están entre nosotros” donde el protagonista, después de un constante dolor de cuello, se da cuenta que una fantasma está sentada sobre sus hombros.

¿Quién es este fantasma sobre mis hombros?

Al ver sus ojos veo los míos y lo recuerdo:

Cursó la universidad en tres años y medio. Al finalizar el primer cuatrimestre consiguió un trabajo para sábado y domingo. En la semana de vacaciones que le daban en la universidad tocaba ponerse el mandil e ir a trabajar. Luego, a mitad de carrera, un trabajo diferente, ahora de medio tiempo como programador. A partir de ahí no hubo vacaciones ni descansos.

Veo en su pasado cosas como haberse quedado trabajando hasta noche en entregas de proyectos finales. También trabajar los fines de semana en proyectos freelance o llegar a casa después de dar clases nocturnas al terminar la jornada laboral.

Lo que no recuerdo de él es si alguna vez pasó más de una semana de descanso sin atender proyectos personales o intentar aprender cosas nuevas durante su supuesto periodo vacacional. No fue entrenado para eso.

Aunque este ritmo pareciera agitado es fácil mantenerlo con tanta propaganda de autoayuda esperando a que esta autoexigencia lo desborde. Resulta interesante la ausencia de frases motivacionales cuando al fin esa ansiedad logra desbordarse. Al contrario, uno solo encuentra autoculpa en la literatura de autoayuda.

– Papi – perdido en mis pensamientos escucho su voz – papi, ¿eres tú?

– Sí hijo soy yo ven.

Al volver en mi veo los ojos de ese pequeño niño que me habla y me doy cuenta de que la semana finalmente ha terminado. Al ver sus ojos veo los míos, lo abrazo y subo hacia mi cuello. Me despido de aquel fantasma de mí, alguien más necesita mis hombros.

Jesús Lerma

Soy programador y líder de comunidad. Me gusta expresar mis ideas por escrito, audio y código.