El deseo del fracaso

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La cancelación del aeropuerto en Texcoco podría verse como un acto de venganza, pero no es solo eso. En su decisión hay un mensaje de una nueva forma de gobierno. Una ruptura, o al menos un distanciamiento con quienes innegablemente han aprovechado la complicidad, la corrupción, pero sobre todo, la debilidad del estado para su beneficio y la acumulación de poder.

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La cancelación del Aeropuerto en Texcoco, nos dicen, es el aviso del peligro que omitimos. Es el principio del desastre y la confirmación de la razón de su discurso. Una multitud de plumas y voces se dieron vuelo en todos los medios de comunicación para criticar la consulta, el resultado y la postura de López Obrador. Nos dieron trazos de un México a la orilla de un abismo. Se desploma el peso, la bolsa, la legalidad, la confianza, la estabilidad y el prestigio de un país por una sola decisión. El peligro para México is back. Surge de nuevo la confrontación y la apuesta por el miedo. La radicalización de un añejo discurso.

La élite empresarial, acostumbrada a manejar presidentes dóciles aprovechándose de su poca legitimidad, hoy se ve de frente con alguien que goza no solo de legitimidad, sino también de una base bastante amplia de apoyo social, algo de lo que López Obrador es consciente y que usará cada que quiera sentarse a negociar o enfrentarse a ciertos grupos de poder. La consulta fue un pequeña muestra de una estrategia. Un tipo de escudo.

Se sabe que no fue debido al resultado que arrojó la consulta, que el aeropuerto de Texcoco se haya cancelado. Eso lo saben los empresarios involucrados, Morena y López Obrador. O que el activismo de ciertos grupos ambientalistas haya surtido efecto y generado la conciencia de que se trataba de un ecocidio. Ni siquiera los estudios técnicos sobre el terreno influyeron para dar marcha atrás a este proyecto. La decisión de cancelarlo es política y tiene que ver con quienes están detrás de su concepción y construcción y de quien hoy está en la antesala del poder.

Es para todos bien sabido, que la relación del hoy presidente electo con parte del empresariado mexicano no es buena. Basta recordar las campañas electorales del 2006, 2012 y 2018 para entender que hay una historia de desencuentros. Una vieja rivalidad. ¨El peligro para México vs. La Mafia del Poder”. La cancelación del aeropuerto en Texcoco podría verse como un acto de venganza, pero no es solo eso. En su decisión hay un mensaje de una nueva forma de gobierno. Una ruptura, o al menos un distanciamiento con quienes innegablemente han aprovechado la complicidad, la corrupción, pero sobre todo, la debilidad del estado para su beneficio y la acumulación de poder.

La interpretación de un desastre económico y social por la cancelación del aeropuerto parece una exageración repetida por muchos ¿Cómo no frivolizar o mirar con extrañeza su indignación, su repentina preocupación? ¿Una marcha, de negro, de luto, organizada por Isabel Wallace? Hablamos del país de los miles de desaparecidos, de la costosa guerra contra el narco, de los feminicidios, de los Duarte, de los desfalcos, de los secuestros, de la Casa Blanca, de la impunidad, de los 50 millones de personas en situación de pobreza.

Parece que la advertencia que 30 millones de mexicanos ignoraron el primero de julio produce en algunos detractores de López Obrador una especie de delirio. Un desequilibrio. No son pocas las voces que esperan ansiosas el fracaso del nuevo gobierno. En su supuesto temor se esconde su deseo. Cada decisión que roce sus intereses será interpretada y vociferada como el principio del fin. En la figura de Andrés Manuel López Obrador siempre han visto el colapso del país. De su país.

Alejandro González

Licenciado en psicología. Director de preparatoria. Lector.