El buen salvaje

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Nuevo León es primer lugar en hechos viales de todo el país, más del doble de los que ocurren en el segundo lugar de la tabla que es Jalisco. Y éstos son la segunda causa de muerte para el rango de edad de 15 a 34 años. En cualquier organización, un resultado de este tipo, estaría activando a todos los participantes en él para evitar que siga creciendo e incluso revertirlo.

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Es un día después de las ofertas en los centros comerciales de Monterrey. Escucho a mis amigas quejarse amargamente: “Estuve más de dos horas parada, sin avanzar ni un centímetro, en el crucero de Fleteros y Gonzalitos”, otra le contesta “Yo me tardé lo mismo en poder salir del estacionamiento de Galerías”.

¿Un choque? Nada más alejado de la realidad. Todo el problema fue ocasionado por los mismos conductores, quienes buscando “ganarle” unos segundos al tráfico, cruzaban el semáforo en verde antes de que avanzaran los coches que estaban detenidos delante de ellos. Así, fueron bloqueando a quienes transitaban en dirección transversal a ellos, en todas direcciones, hasta que el atolladero fue mayor y, literal, ya nadie pudo moverse. Tuvo que acudir la autoridad para poder deshacer el nudo de autos, transporte público y de carga, ¡bendito Dios que no pasó el tren en esos momentos!

Podrán decirme que el diseño de ese cruce es pésimo. No lo niego, hay muchas oportunidades en el diseño vial de la ciudad, pero el planteamiento que hoy hago tiene que ver con la influencia que tienen nuestros comportamientos en los problemas de vialidad de la ciudad.

Tengo más de una amiga, que en su vida cotidiana es moderada, amable, respetuosa y sonriente, pero al subirse a su auto aparece una versión radicalmente opuesta de su ser: a la defensiva, acelerada, ventajosa y atenta a la menor provocación para espetar toda clase de insultos. Me recuerda al buen salvaje de Rousseau, aquél que es bueno por naturaleza, pero se corrompe al enfrentarse a la dinámica desigual de la sociedad, en este caso, el tráfico.

Lo que observo diariamente es que muchas personas conducen como si en la calle la única ley válida fuera su necesidad y como si su derecho a usarla estuviera por encima de los derechos de los demás. Hay miles que “se pasan en rojo” los semáforos, porque aceleran cuando empieza a parpadear la luz verde. Hay otros que obstruyen la vía, las banquetas y lugares prohibidos, porque creen que les corresponden por ser dueños de un auto. Bastantes más que no ceden el paso, conducen a exceso de velocidad, sacan ventaja donde se puede y, como consecuencia, ponen en riesgo al resto de los usuarios de la calle. En ocasiones, me avergüenza decirlo, yo también me meto en esta dinámica y cometo los mismos errores.

Los datos en la localidad son alarmantes: Nuevo León es primer lugar en hechos viales de todo el país, más del doble de los que ocurren en el segundo lugar de la tabla que es Jalisco (75,931 vs 30,723 en 2016, respectivamente). Y éstos son la segunda causa de muerte para el rango de edad de 15 a 34 años. En cualquier organización, un resultado de este tipo, estaría activando a todos los participantes en él para evitar que siga creciendo e incluso revertirlo. ¿En Nuevo León? Parece que sólo lo vemos distraídos como una más de las malas notas que obtenemos y de las que no nos sentimos responsables: obesidad, seguridad, contaminación del aire, etcétera.

Quiero apelar aquí al buen salvaje que vive dentro de cada uno de los conductores, a tomar conciencia que estamos en una situación de crisis y que en algún momento hemos contribuido a ello. Ahí en las calles, seguirá habiendo conductores con malas prácticas, agresivos y hasta groseros. Es fácil escudarse en la posición de: “Si otros lo hacen, ¿por qué yo no? Al cabo que no hay consecuencias”. Sí las hay. Si bien la autoridad no lo está sancionando como debería, al mantener un comportamiento nocivo al conducir, tienes el riesgo de convertirte en uno más en las estadísticas, como víctima o victimario. Es urgente detener la violencia vial. Si eliges conducir, elige también el respeto y cordialidad con todos los usuarios de la vía; estarás contribuyendo a construir el estado de ánimo con en el que te gustaría regresar a casa.

Georgina Treviño

Siento que entre más cerca estoy de las diferentes realidades que hay a mi alrededor, más empatizo con quienes las viven y me puedo poner en acción a su favor. Mi pasión por la ciudad fue fomentada por participar en Pueblo Bicicletero, colectivo que promueve la movilidad sostenible en el Área Metropolitana de Monterrey. Soy Ingeniera de profesión y humanista de vocación, actualmente cursando estudios en Desarrollo Humano.