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Dulce venganza

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Sin embargo, no me siento desmotivada, triste o asustada, ni por el trabajo ni por el futuro; de hecho, hasta siento un poco de culpa de sentirme contenta, a pesar de que sigo con rigor los consejos de higienización, distanciamiento y resguardo.

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Desde hace ya un poco más de un mes, me vienen compartiendo toda clase de recomendaciones, protocolos de higiene y de resguardo por la pandemia del Covid-19 que ha golpeado a la humanidad; debido a esto, las ciudades se han vaciado y las calles están desiertas.

Imágenes de paisajes desolados inundan mis redes sociales, como si de una película apocalíptica se tratara, y si, con esta emergencia sanitaria, la realidad superó a la ficción, pues estamos viviendo una situación de alta vulnerabilidad para toda la humanidad.

Sin embargo, no me siento desmotivada, triste o asustada, ni por el trabajo ni por el futuro; de hecho, hasta siento un poco de culpa de sentirme contenta, a pesar de que sigo con rigor los consejos de higienización, distanciamiento y resguardo. Más bien, el motivo de mi felicidad la puedo asociar con un sentimiento de venganza y de justicia.

Y no llevada a cabo por mí, sino llevada a cabo por la madre tierra, y creo que James Lovelock pensaría lo mismo. Este químico británico, que ha trabajado en importantes proyectos de la NASA, en su hipótesis de Gaia, estableció que el planeta Tierra se comporta como un sistema donde la vida, su componente característico, se encarga de autorregular sus condiciones esenciales. Gaia se comporta entonces, como un sistema autorregulado, es decir, que tiende al equilibrio.

Por otro lado, como lo plantea Maturana, premio nobel en ciencias, en su concepto sobre la Autopoiesis demuestra que, dentro de un sistema, si no hay retroalimentación, si no existe la retroactividad que es un flujo de dar y recibir, la vida es imposible, solo hay muerte.     

Entonces no es difícil imaginar quienes son los desequilibrados en este planeta. Si, somos los humanos, específicamente los occidentalizados, somos todos aquellos adictos al petróleo, a la ropa y comida rápida, a la tecnología que se asocia con la minería y a la carne, que causa la deforestación de grandes extensiones de bosques y degradación de tierra fértil, además del despilfarro de cantidades inimaginables de agua dulce, y si, también adictos a los animales exóticos, y la consecuencia de esta adicción ya la conocemos.

Aunque existen muchas hipótesis del origen del Covid-19, la evidencia apunta a que este virus comenzó en Wuhan China, en un mercado de animales para consumo humano (obviamente), muchos de ellos en peligro de extinción y viviendo en condiciones de extrema crueldad. En una investigación de la organización internacional por los derechos de los animales, Igualdad Animal, se documentó cómo son tratados, viviendo hacinados con múltiples enfermedades, bajo mucho estrés y entre restos de cadáveres esperando a ser asesinados.

En referencia a este contexto y a pesar de las múltiples teorías que existen, hay una en particular que plantea que un virus se salió de uno de sus huéspedes, un murciélago, y se transfirió a un pangolín donde el virus mutó y su composición genética se modificó provocando el contagio del Covid-19 en los humanos.

Independientemente de que, si esta hipótesis no se ha comprobado y que existan otras más, la realidad es que el contagio que surgió en este mercado de animales posteriormente terminaría en la pandemia actual y un estado de alarma que está estremeciendo a la humanidad y ha paralizado las practicas productivas y económicas de todo tipo.

Las autoridades chinas cerraron el mercado, no más venta de animales, no más sufrimiento para estos seres inocentes, ¿cómo no voy a festejarlo?

Cantidad de especies están regresando a sus hábitats por que el depredador mortal no está. Y la ganancia es para el planeta entero, una lección para la humanidad, y un fuerte castigo para el sistema económico global. 

Por lo que, si llegáramos a tener una segunda oportunidad como especie, será alineándonos a la naturaleza. Es tiempo ya de aceptar su el poder, su fuerza, y reconocer que ella también puede ejercer sobre la humanidad, una dulce venganza. 

Mayra Marcela Rendón Olvera

Me gusta mucho estar rodeada de naturaleza, todas mis acciones están orientadas a proteger los derechos de los animales y el medio ambiente.

Detesto cualquier forma de opresión, por lo que me considero anarquista, me parece una filosofía muy femenina, amorosa y elegante. Sueño poder vivir en un mundo, rodeada de animales y humanos viviendo en santa paz.