Donadores con piel de oveja

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María es mamá primeriza. Su bebé, Sandra, tiene 3 meses y era alimentada con leche materna exclusiva hasta  cuando las inundaciones llegaron a Sinaloa y tuvieron que ser evacuadas a un refugio temporal. Había escuchado que la leche “se iba” (del pecho) en situaciones estresantes como la suya. Eso puede suceder, en ocasiones de estrés se inhibe la producción de oxitocina, que es la hormona encargada de la eyección de la leche cuando el niño mama. Lo que María no sabía es que esa es una situación temporal y si el niño sigue comiendo, la leche terminará por salir. Afortunadamente no tuvo que preocuparse más. En el refugio les ofrecieron a todas las mamás con bebés lactantes, latas de fórmula y biberones que les cayeron como anillo al dedo. María empezó primero a complementar a su bebé en algunas tomas y luego al notar que ya no tenía suficiente leche optó por dejar la alimentación al pecho por completo.

Situaciones como ésta se repiten en cada desastre natural que ocurre en nuestro país. En febrero del año en curso, miembros de La Liga de la Leche dieron una conferencia dentro del marco del 3er Congreso de ACCLAM, Asociación de Consultores Certificados en Lactancia Materna. En ella compartieron cómo, después del sismo de septiembre del 2017, habían visitado varias de las zonas de desastre y en todas había un suministro exagerado de latas de fórmula. Latas en su mayoría donadas por las compañías productoras de las mismas.   A todas las familias con niños pequeños se les repartían y en algunas encuestas realizadas en los mismos albergues, muchas madres aceptaban haber dejado de amamantar cuando empezaron a recibir las latas. Al hacerles el comentario a los encargados de los albergues, la mayoría pertenecientes a la Cruz Roja, de que no era necesario repartir todas las latas, comentaban que tenían que hacerlo o los acusarían de robo.

De acuerdo con una investigación reciente del periódico The Guardian y la organización Save the Children, las compañías de fórmula láctea continúan usando formas agresivas, clandestinas y muchas veces ilegales para llegar a las madres en las partes más pobres del mundo para incentivarlas a preferir la leche de fórmula sobre la leche materna.

El Código de Sucedáneos de la Leche Materna, adoptado por México en 1981, estipula que “los fabricantes y los distribuidores no deben de facilitar, directa o indirectamente a las mujeres embarazadas, a las madres o a los miembros de sus familias, muestras de los productos comprendidos en las disposiciones del presente código (sucedáneos de la leche materna).” Aún así, las compañías aprovechan estas situaciones de caos para donar “humanitariamente” su producto, logrando que las familias se hagan consumidores dependientes; contribuyendo así a conservar su situación de extrema pobreza o incluso empeorándola.

La lactancia materna es gratis; alimentar a los bebés con leche de fórmula hace que las madres produzcan cada vez menos alimento, porque al no haber estimulación al pecho no hay oferta de leche y la madre se ve obligada a comprar la de  fórmula por lo menos durante el primer año del bebé. Una lata de fórmula donada de 400 gramos cuesta en el mercado $135 y alcanzará para 31 tomas del bebé. Un recién nacido hace entre 8 y 12 tomas al día, que luego bajarán a 7 o 9. Esto significa un gasto familiar anual de $15,895 sin contar los biberones, esterilizador, agua y jabón. 

La leche materna está siempre disponible; la fórmula requiere de agua potable y un recipiente en el que pueda ser preparada y dada al infante. Este recipiente debe limpiarse por lo menos con agua y jabón, difíciles de conseguir durante los desastres.  La lactancia materna contribuye con la economía, ahorrando al Estado gastos en el sector salud; los bebés alimentados con leche de fórmula tienen más ingresos a hospitales por neumonía y diarrea. También previene el ausentismo laboral de los padres por enfermedad de sus bebés. No menos importante es que la alimentación al pecho les da a todos los niños un inicio igualitario en términos de nutrición y salud; la leche materna independientemente de cómo se alimente la madre será de la misma calidad, sólo en casos de madres en estado de inanición puede notarse una diferencia en su composición. 

El Estado debería de ser entonces el primer protector de la lactancia materna, sobre todo durante las situaciones de crisis, y condenar estos actos carentes de ética por parte de las compañías de sucedáneos de la leche. ¿Por qué no lo hace?

Goretti Treviño

Internacionalista de profesión y mamá de tres niñas. Soy asesora de porteo y educadora en lactancia materna. Tengo una tienda en línea de cargadores ergonómicos y recientemente estrené un blog con temas de mi interés: lactancia, comida vegetariana, lectura, porteo y crianza.

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