Diversidad, no apta

La idea de que los temas de diversidad sexual o de género resultan incomprensibles o, peor aún, perturbadores, para los niños y niñas, revela más sobre la persona adulta que sobre el mensaje en sí. El miedo es a tener que explicar que todos tenemos la libertad de amar a quien decidamos, independientemente de la norma.

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Cuando era niña, las personas gay no eran parte de mi realidad. No existían dentro de mi familia, ni a mi alrededor, ni en la televisión. Conocía insultos que se asocian con las personas de la comunidad: marimacha, maricón, joto, pero yo no sabía qué significaban, sólo que eran “malas palabras”. Si me pongo a escarbar en mi memoria, creo que la primera vez que tuve consciencia de que existían personas que no eran heterosexuales fue a los 10 años, cuando vi un titular sensacionalista sobre la boda de Elton John.

Y, como cuando descubres una palabra nueva y de repente está en todos lados, había muchas cosas a las que no les estaba poniendo atención. Con el paso del tiempo fui aprendiendo sobre el tema y me di cuenta de que muchos personajes en las series y películas de mi infancia tenían algo: los comentarios sutiles de Scar en “El Rey León”, el demonio casi travesti de “Las Chicas Superpoderosas”. Salían de la norma de una forma inexplicable que, sin palabras, me dejaba claro que eran diferentes a los demás. Claro, estos personajes casi siempre eran villanos; no olvidemos a Úrsula, basada en la drag queen Divine. La primera vez que vi un personaje explícitamente gay (que no era malo ni se moría), en pantalla, fue en “Glee”, cuando ya era adolescente.

Seguimos sacándole la vuelta a cualquier tipo de representación LGBTQ+ que pueda ser dirigida a niños y niñas supuestamente porque no es apropiada y no van a entender. La idea de que los temas de diversidad sexual o de género resultan incomprensibles o, peor aún, perturbadores, para los niños y niñas, revela más sobre la persona adulta que sobre el mensaje en sí. El miedo es a tener que explicar que todos tenemos la libertad de amar a quien decidamos, independientemente de la norma.

Como ya soy “grande”, tengo acceso a muchos más medios, pero sigo al pendiente del contenido infantil. Hace poco me puse a ver “Steven Universe”, una serie que lleva algunos años y se ha vuelto “la” serie cuando hablamos de representación de diversidad. El mes pasado, dos de sus personajes tuvieron una boda muy bonita en la playa, oficiada por el protagonista y presenciada por todo el pueblo. La pareja estaba formada por dos “gemas” de otro planeta que llevan 5 mil años juntas. No hubo rodeos ni mensajes velados, solo una celebración de su amor donde todos sus invitados lloraron de felicidad. La boda de estos dos entes femeninos llega después de varias temporadas de construirlas como personajes complejos e interesantes en sí mismos. Es el tipo de contenido que no podría haberme imaginado a los ocho años, pero que está permitiendo que una generación crezca con una visión más diversa — y más real — de sus alrededores.

Pero “Steven Universe” es una excepción. El resto de los medios masivos siguen atorados con sus intentos de ser incluyentes o gay friendly. Lo más lejos que llegan es poner un personaje (casi siempre hombre), gay. Pero en el fondo y de la misma forma que los villanos de mi infancia, caricaturizado.

Si algo no se representa y no se habla de ello, es como si no existiera. Vernos en historias y en pantalla es esencial para que un niño o niña sepa que puede existir en una realidad diversa a la impuesta. La diferencia es que ya no se identificarían con alguien malvado o misántropo; alguien que todos sabemos que es indeseable y fue creado con el único propósito de ser vencido por el héroe. Ahora podrían identificarse con personajes, aunque sean dos gemas extraterrestres, que se caracterizan por ser inteligentes, valientes y cariñosas.

A los cinco años no tiene mucho sentido que el príncipe bese a la princesa al final de la historia, pero entendemos que es bonito y es lo normal. Daría igual si fueran dos princesas, ¿no?

Silke Enkerlin Madero

Estudié periodismo y pretendo que sé lo que hago.

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