Diputada Claudia Caballero:

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Sin una discusión profunda no podemos más que sospechar que ustedes están imponiendo su visión moral sobre de un dilema que, por si fuera poco, es falso: ustedes no van a evitar abortos. Sólo van a obligar a las mujeres a abortar en condiciones indignas que pueden costarles la vida.

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6 de Marzo de 2019, Monterrey, N.L.

Usted es la representante de mi Distrito en el Congreso local, por lo tanto, me permito solicitarle de manera respetuosa que se sirva atenderme:

Diputada, las leyes deben reflejar a la sociedad realmente existente, no a la idealizada. Es a partir de datos y evidencia científica que podemos plantear una sociedad real. Lo otro es pura ideología. Al respecto de la iniciativa que usted recuperó del 2014 y llevó a la Comisión de Puntos Constitucionales, es indispensable que me presente las razones jurídicas y científicas que tuvo para sostener que en Nuevo León el Estado debía de reconocer, proteger y tutelar el derecho del ser humano a la vida desde la concepción hasta la muerte natural.  

¿Por qué le llama humano a un cigoto o a un embrión, diputada? ¿Con qué sustenta la creencia de que un cigoto o embrión es una vida humana? ¿Es esto un dogma de su fe personal? Porque evidencia científica no es. Por otro lado, ¿cuántos abortos se practican en Nuevo León? ¿Qué datos tiene la Secretaría estatal de Salud sobre este problema? ¿Ha pedido su opinión al Poder Judicial? ¿Cuántas mujeres han muerto en el último año por practicarse un aborto clandestino? ¿Con base en qué evidencia sostiene usted que debe adherirse un párrafo al artículo 1 de nuestra Constitución? Necesitamos datos concretos y evidencia científica, diputada, de lo contrario usted está legislando desde la fe y ésta no es razón pública.  

Usted y los otros ocho integrantes de la comisión de Puntos Constitucionales nos negaron el derecho a discutir las reformas a nuestra Constitución. Se negaron a organizar mesas de trabajo y de discusión, se negaron a invitar a personas expertas, a servidoras públicas, jueces y magistradas y magistrados, a activistas, mujeres que han abortado, médicos que han practicado abortos, genetistas, biólogas. Sin una discusión profunda no podemos más que sospechar que ustedes están imponiendo su visión moral sobre de un dilema que, por si fuera poco, es falso: ustedes no van a evitar abortos. Sólo van a obligar a las mujeres a abortar en condiciones indignas que pueden costarles la vida. En México, se calcula que ocurren entre 750 mil y un millón de abortos voluntarios anualmente. Quienes apoyan este tipo de iniciativas no van evitar que esta cifra siga creciendo, si eso quisieran, en lugar de buscar penalizar a la mujer que necesita interrumpir su embarazo buscarían mejorar la educación sexual y reproductiva de toda la población.  Ustedes, en cambio, pretenden evitar abortos obligando a las mujeres a ser madres, criminalizando su desesperación, penalizando su libertad. 

Entiendo y respeto que usted y yo tengamos visiones encontradas sobre los derechos de las mujeres sobre su cuerpo, su personalidad y su plan de vida; no tengo ningún problema en respetar puntos de vista contrarios a los míos, ni tampoco en respetar la fe de las personas. Sin embargo, exijo, como ciudadana, que muestre usted la misma madurez política y reciba en el Congreso a todas las personas que quisiéramos participar en un debate plural. Exijo de usted y de sus compañeros y compañeras disposición a la discusión y al aprendizaje compartido, de lo contrario, se están comportando como impostores de la representación popular. 

Diputada, soy madre. En este momento que le escribo me desvelo un poco con una lámpara encendida mientras escucho la respiración de mi hija que duerme. Estoy segura que cuando sea mayor, ella tendrá acceso a un aborto libre, legal y gratuito, porque los derechos son así, son actualizaciones a la sociedad, son conquistas legales consecuencia de toma de conciencia de generaciones. Ni usted, ni sus compañeros diputados y diputadas le van a arrebatar a las generaciones futuras sus derechos cuando simplemente están imponiendo sus creencias personales en las leyes, sin discusión, cerrándonos la puerta. Su actitud violenta los condena a perder este debate de la peor forma, vencidos por el peso de la historia.

Cordialmente,

C. Ximena Peredo 

Politóloga. Mi vida está cruzada por la escritura. Soy columnista del Grupo Reforma y dirijo el sitio de opinión Vertebrales.