Dios está de vacaciones

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Padre nuestro, que estás en los cielos te agradezco todas las bendiciones que introduces a mi vida y te pido por… “¡wow! ¡qué difícil ser Dios!”, pienso antes de soltar la cargada lista de peticiones que le tengo esta noche.

Me lo imagino sentado en su trono celestial escuchando millones de oraciones que chocan entre ellas generando ecos y distorsionando su contenido original. Tal vez esta sea la razón por la que no he podido ser mamá, en lugar de escuchar un “te pido que me permitas ser madre”, escuchó un “te pido que me des pura madre” por la deformación de sonidos. Un arquitecto acústico le vendría bien.

Seguramente la tecnología ya alcanzó los cielos, y el Todopoderoso tendrá su MacBook Air con un archivo de Excel donde lleva la lista de milagros que nos corresponde a cada quién de acuerdo con nuestro comportamiento. No se le han de dar muy bien las fórmulas del software y ha de ir de celda en celda editando miles de billones (¡trillones!) de datos ocasionando que los milagros sean destinados por error de dedo a cualquier hijo de puta que ni ocupaba ni merecía el prodigio. No te culpo, Dios, Excel es complicado… pero hay cursos, mi Señor.

Sospecho ha de terminar exhausto y que cada vez requiere de vacaciones más frecuentes para recargar su creatividad y energía divina, y ¡vaya que son notorios sus periodos vacacionales! Pues, ¿qué otra razón habría para que AMLO sea presidente de México, el coronavirus y tanta prueba de embarazo negativa? Es obvio, el Jefe está de vacaciones.

Y yo que me quejaba de mi trabajo.

Isabel Soto

Lagunera. Ingeniera amante de la literatura. Escritora aficionada. Actualmente tiene una relación de amor y odio con la nostalgia. Santista de hueso colorado. Sueña con Comala.
Cree en la magia.