Día sin auto, ¿celebración o castigo?

En realidad, ¿para quién es factible bajarse del auto, aunque sea por un día?

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El auto se ha convertido en un símbolo de status social para el regiomontano promedio. A menudo se puede observar en las redes sociales la fotografía “trofeo” del primer auto, producto del esfuerzo y trabajo traducido en cuatro llantas. “Felicidades”, “Valió la pena”, “Te lo mereces”, “Un logro más”, son los comentarios de familiares y amigos. Pero, ¿poseer un auto es en realidad motivo de celebración?

Cada año, desde hace un par de décadas, el 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial sin Auto, iniciativa planteada con el pretexto ambientalista de animar a las personas a reducir el uso del vehículo privado y optar por modos alternativos de transporte.

México se une a la celebración de manera oficial a partir de este 2018. En Monterrey, desde hace un par de años, gracias a asociaciones civiles dedicadas a temas de movilidad, se realizan durante una semana actividades que promueven la socialización de retos y alternativas de movilidad, entre ellas el #RetoSinAuto.

Los beneficios y motivos para participar en esa semana son indiscutibles. Al optar por probar alternativas de movilidad conocemos nuestra ciudad, aprendemos a convivir en el espacio público, contaminamos menos y nos activamos más.

Pero dejamos de lado que, para bajarnos del auto, debemos primero poseer uno, lo cual descarta la integración de más de la mitad de la población del área metropolitana. Luego, del 46.31 por ciento que sí posee y se mueve en auto, ¿para quién es factible en realidad bajarse, aunque sea por un día?

Existen las personas que por sus circunstancias de vida y por las características de la ciudad, no logran romper su codependencia al auto. Imagine por un momento, ser una madre de familia que vive en un municipio periférico y trabaja a una hora y media de distancia (si el tráfico lo permite). Por la mañana, en el trayecto, tiene que llevar a uno de sus hijos al kinder, otro a la primaria. Durante el día, su trabajo la obliga a visitar clientes en distintos puntos de la ciudad y por la tarde, antes de regresar a casa, tiene que pasar a comprar lo necesario para la comida del día siguiente. Gastó tres horas de su día en un auto, pero solo así pudo cumplir con las exigencias de su rutina.

Existen otras personas que descubrieron que, al moverse en su vehículo privado, por el estado actual de la ciudad, se accede a una cantidad infinita de concesiones. Es más cómodo, más rápido, en algunos casos más barato. Puede que también vivan cerca de sus lugares cotidianos y que el pretexto de usar siempre su vehículo no tenga nada que ver con que les falte opciones. Para ellas, el #RetoSinAuto sí es un ejercicio obligado, una oportunidad para reflexionar y darnos cuenta que podemos sobrevivir a la ciudad sin él; pero sobre todo de renunciar aunque sea solo un día a nuestros privilegios.

Sin duda, los grandes problemas de movilidad de nuestra ciudad no se resolverán dejando el auto en casa un día al año. Pedir al primer grupo de personas que lo hagan, sería pedirles que se excedan en su gasto diario, pierdan más tiempo en llegar a su destino (o no lleguen), sacrificar o no alcanzar a hacer en un día sus actividades necesarias; incluso arriesgar su seguridad y la de otros. Pero el segundo grupo de personas tenemos la responsabilidad de hacerlo como un acto de reivindicación de derechos que como ciudadanía hemos perdido.

¡Felicidades! tienes un auto y puedes usarlo, pero la verdadera celebración llega cuando con libertad puedes decidir dejarlo, aunque sea por un día.

Y tú, este año, ¿qué celebras?

Daniela Montiel

Arquitecta, Profesora y Urbanista. Entusiasta de las ciudades y su gente. Aprender es lo que me mueve.

2 comentarios en “Día sin auto, ¿celebración o castigo?

  1. También podríamos socializar los días de trabajo desde casa, aunque no todo mundo lo podría hacer, si es una alternativa para dejar el auto, pasar menos tiempo en el tráfico y poder dedicar más tiempo a familia .

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