Después del meme, ¿qué?

Un meme, más que una conjunción de elementos mediáticos y discursivos, es una herramienta de comunicación particular en esta era de pantallas y cultura popular masificada. Es también evidencia dura de nuestra evolución, tanto lingüística como cultural.

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Enterrados están aquellos días en los que, entre amigos y familia, las carcajadas afloraban al consumirse la frase final de un chiste. De Pepito ya no supimos nada. Los gallegos dejaron de ser un objeto de burla. Perdimos también la costumbre de adivinar cómo se llamó la obra, y raramente escuchamos hablar de cuando un mexicano, un gringo y un chino entraron a un bar. ¿Qué pasó? El humor, elemento vivo y trascendente de la cultura mexicana, no murió. Su formato, sin embargo, evolucionó. Hemos adoptado una forma ecléctica, improvisada y simultánea de expresar humor y opinión. Son los memes el nuevo lienzo sobre el que, como sociedad, comunicamos opinión, gracia y cotidianidad. 

Un meme, desde un plano teórico, es más una configuración que una noción ideológica limitada. Decir “un meme”, no es específico en cuanto al posicionamiento temático, sino que exige yuxtaposición. Por definición, el término se precisa como “una unidad de transmisión cultural o de imitación”. La palabra emergió de El Gen Egoísta de Richard Dawkins, libro en el que el autor entabla una perspectiva diferente sobre la evolución de las especies. Es curioso que meme, como término, surja de una obra ligada al campo científico de lo que él mismo es  muestra: nuestra evolución.  

En épocas pasadas, lo más cercano a una expresión de argumento político desde un ángulo cómico, e involucrando un formato mediático, eran las caricaturas satíricas del periódico. Fuera de ello, parecería que las conversaciones se tenían desde un enfoque de disociación. De un lado política, del otro lado el humor. Teníamos la entonación como recurso modulable y el chiste como dispositivo para intentar concebir una frase que pudiera paralelamente transmitir comedia y razonamiento. Brozo, el personaje de Víctor Trujillo, es un ejemplo del nivel de eclecticismo que caracterizaba el infoentretenimiento satírico mexicano. Hoy, todo se hace a través de memes y se transfiere a través de clicks. Numerosos son los videos, imágenes y gifs que caricaturizan a nuestros líderes políticos (el meme de Peña Nieto sentado con las piernas cruzadas y viendo tranquilamente una soga, alcanzó las ligas internacionales del memerismo).   

Un meme, más que una conjunción de elementos mediáticos y discursivos, es una herramienta de comunicación particular en esta era de pantallas y cultura popular masificada. Es también evidencia dura de nuestra evolución, tanto lingüística como cultural. Abandonamos parcialmente la palabra escrita para adaptarnos a nuevos formatos como videos, gifs e imágenes. Y el mundo que recibe y comparte dichos memes parece converger en una nueva cultura de internet que traspasa la noción de una nación. Un meme, con menos de 10 palabras y una simple imagen, puede viralizarse en México, el Reino Unido y Japón. 

Nuestra adopción de los memes como medio de comunicación es una prueba contundente de que, como humanidad, adaptamos necesidad a recurso. Siempre hemos escrito para comunicar. Y lo hemos hecho en paredes de cuevas, sobre piedras, papiro, papel, teclados y hasta con aparatos de dictado. En esencia, no cambiamos. Pero el progreso tecnológico nos ha llevado de la mano hacia formatos que facilitan (o al menos pretenden facilitar) la manera en la que comunicamos. El avance de la tecnología empujará nuestra comunicación hacia horizontes que nos harán seguramente abandonar el formato del meme como medio de transmisión de mensajes. Brotará, de algún lugar, un mecanismo que parecerá más acertado.

Conocí en un bar a un francés que se dedica a la filología. Me dijo que su trabajo era ligar texto escrito con contexto cultural. Como intentar leer en el significado de una evidencia escrita (libros, cartas, anotaciones, etc.), pistas del periodo histórico y cultural al que el texto pertenece. Pensé en cómo, si la humanidad sobrevive a sus propios demonios, aquel trabajo será complicadísimo en 500 años. Habrá que interpretar, con paciencia aficionada y cuidado clínico, las diferentes capas políticas y culturales que caracterizan la manera tan polimorfa en la que ahora nos comunicamos. 

Mahomed-Ramiro Jezzini

Me expatrié con un cuaderno para en ocasiones escribir de mi regreso. Cuento historias en jezzini.eu

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