Del septiembre que nunca hablamos 

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Aparecieron anuncios, mantas y desplegados de empresas locales demostrando su orgullo por Eugenio Garza Sada, aunque siguen sin hablar ni uno ni otro lado sobre qué sucedió, demostrando que sigue siendo un tabú, un tema incómodo.

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Llegué a vivir a Monterrey a los 40 días de nacida. Estudié en escuelas tradicionales de la ciudad, incluyendo la licenciatura en el Tecnológico de Monterrey. En ninguna de esas aulas me contaron quién fue Eugenio Garza Sada, ni que lo mataron, ni por qué, ni quiénes. Mucho menos supe que existió una agrupación llamada Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S). Sí recuerdo haber conmemorado y conocido la consigna “2 de octubre, no se olvida”, Tlatelolco, Díaz Ordaz, y un recuento general sobre lo ocurrido en 1968. 

¿Cuántos jóvenes mexicanos y regiomontanos crecieron como yo? ¿Cuántas personas que en 2014 se indignaron por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, saben qué sucedió en sus propias calles en los años 70? 

El avispero de la memoria se revolvió este 17 de septiembre, cuando el historiador y militante de Morena, Pedro Salmerón, publicó un texto breve en la cuenta oficial del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, que entonces dirigía, sobre el asesinato de Garza Sada, perpetrado por la LC23S, en donde tuvo el mal tino de llamar valientes a los miembros de la mayor guerrilla urbana del país.

Entre 1973 y 2019 hay un abismo de diferencia, ¿o no? 

En Monterrey siguen viviendo en un mismo perímetro familias dolientes, algunas por no saber nunca a dónde se fueron sus hijos e hijas, y hermanos o hermanas; otras, porque sí lo saben, pero no entienden por qué tenía que tocarles a ellos o ellas una muerte violenta. ¿A dónde se va el resentimiento cuando unos, los culpables de la muerte del otro, viven lado a lado? ¿Qué les cuentan a sus descendientes los de uno y otro lado? 

Era 1973, el tercer año de la Presidencia de Luis Echeverría Álvarez, quien fue el Secretario de Gobernación del presidente anterior, Gustavo Díaz Ordaz, en 1968. Echeverría no era bien visto por los empresarios regiomontanos. El punto álgido de su mala relación llegó tras el asesinato de Eugenio Garza Sada, de 81 años, el epítome del hombre de empresa, humanista, que murió en medio de la refriega entre sus escoltas y las personas que intentaron secuestrarlo, en la esquina de Villagrán y Luis Quintanar, a escasos pasos de la Cervecería Cuauhtémoc, el 17 de septiembre de 1973. 

“¿Hacia dónde nos llevan nuestros políticos demagogos que cada vez vociferan y alardean de los sistemas comunistas? ¿Por qué aguantarnos asaltos, robos, asesinatos y terrorismo?”, se leía en el desplegado pagado por el Grupo Monterrey, publicado al día siguiente, en el periódico Tribuna. Los relatos dicen que le gritaron “asesino” al llegar al funeral y que cuando Ricardo Margáin Zozaya leyó su discurso fúnebre, señalando, entre líneas, la culpabilidad y complicidad de Echeverría, el Presidente se fue, fúrico. Luego, hizo lo que sabía, aplicar mano dura. El periodo de la Guerra Sucia dejó tantas fosas clandestinas como la Guerra contra el Narco. No se sabe con exactitud cuántos desaparecieron, ni dónde están enterrados. Varios miembros de la LC23S son originarios de Monterrey y sus familias los siguen buscando. 

Aunque fueron identificados los seis participantes del intento de secuestro, sólo dos fueron encarcelados. Otros dos murieron, y dos más, desparecieron tras ser capturados por la Dirección Federal de Seguridad y llevados a un cuartel del Ejército. El gobierno de Echeverría aprovechó para barrer el país, de cabo a rabo. De la LC23S no quedó nada. 

A la semana siguiente de la publicación de Salmerón que originó la polémica, el Gobierno federal le pidió disculpas a Martha Camacho, detenida en 1977. Fue torturada durante 49 días en la Novena Zona Militar. Ejecutaron a su esposo frente a ella. Embarazada de 8 meses, tuvo a su hijo en ese lapso. Tanto ella como su esposo eran miembros de la LC23S. El Presidente López Obrador evitó hablar sobre Salmerón en su conferencia mañanera, aunque, durante el día, sucedió la disculpa pública a Camacho. 

Polarización, desencuentro, un bando y otro bando, Presidente vs. empresariado regiomontano. ¿Qué tan cerca estamos del otro septiembre, el de 1973? Ojalá que lejos. Aparecieron anuncios, mantas y desplegados de empresas locales demostrando su orgullo por Eugenio Garza Sada, aunque siguen sin hablar ni uno ni otro lado sobre qué sucedió, demostrando que sigue siendo un tabú, un tema incómodo. Mientras no nos sentemos a escuchar las dos partes de la historia, seguiremos siendo vecinos, perpetradores y víctimas. ¿Cauterizará la herida? 

Lourdes Zambrano

Encontré en la escritura la mejor forma de expresarme desde que me pidieron llevar un diario sobre mi verano en la primaria. Durante más de una década fui reportera de nota diaria, especializada en temas culturales, sociales y un poco de negocios. Me interesa contribuir a la discusión pública, madura, cordial, sin fobias.