De revoluciones, machos y protestas

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Enfurece que a la sociedad le afecten más las pintas de los monumentos y patrimonios nacionales, que la desaparición de tantas mujeres y niñas de carne y hueso cada día, a ellas se les puede sexualizar y convertir en objetos en la televisión, el cine, las canciones, pero cuando se invierten los papeles sexualizando a un personaje histórico, saltan chispas.

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La pintura del artista plástico Fabián Cháirez, titulada Revolución, donde aparece la imagen de un Emiliano Zapata desnudo, sexualizado, montando un caballo con erección, ha provocado una ola de indignación en varios sectores de la población mexicana y ha puesto el dedo en la llaga de una vieja herida sin sanar: el retrógrado pensamiento de que la mujer es inferior que el hombre. 

Huele a misoginia en un país donde se protege la figura del héroe macho, pero se mantiene una grave asimetría entre hombres y mujeres. La punta del iceberg es la desigualdad económica (sueldos), responsabilidad de crianza (manutención y atención), violencia (acoso, violaciones y feminicidios). Pero por debajo nos encontramos con una red más compleja, de la cual a veces ni siquiera tenemos completa conciencia. 

Por siglos y siglos la historia ha sido completa e intencionalmente deformada, nombres de mujeres borrados para siempre de los libros, de la ciencia, del arte, entre muchas otras esferas en donde se nos arrebató el poder junto a nuestros derechos más básicos de libertad. 

Las religiones hetero patriarcales alrededor del mundo, han violentado especialmente a las mujeres; se les han vendido en matrimonio como mercancías, se les asesina con aprobación social en algunos países. Esto continua aún en nuestros días.

Hasta que salga todo a la luz, seguiremos siendo víctimas y victimarios. El inconsciente colectivo se abre paso por medio del arte y mediante la inspiración expone lo necesario para sacudir nuestras consciencias y restaurar el equilibrio; el artista siempre será un agente para el cambio y la evolución.

El número de mujeres asesinadas en el 2019 en México hasta septiembre (2 mil 833), es mayor que el número de butacas del Teatro Nacional de Bellas Artes (2 mil 257) lugar en donde se encuentra la exposición Emiliano Zapata después de Zapata, y tener ahí a un grupo de campesinos, ofendidos por una imagen pintada en el año 2014, golpeando e insultando a miembros de colectivos LGBT, exigiendo a las autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes retirar la obra y hasta quemarla. Eso, sí constituye un grave insulto.

Enfurece que a la sociedad le afecten más las pintas de los monumentos y patrimonios nacionales, que la desaparición de tantas mujeres y niñas de carne y hueso cada día, a ellas se les puede sexualizar y convertir en objetos en la televisión, el cine, las canciones, pero cuando se invierten los papeles sexualizando a un personaje histórico, saltan chispas. 

Necesitamos unirnos en la búsqueda de soluciones para estos problemas reales, como diría la Doctora Irmgard Emmelhainz (Escritora, traductora y docente), en estos tiempos de necrocapitalismo.

La deconstrucción de los símbolos patrios, de íconos implantados arbitrariamente en el imaginario nacional colectivo, se hace tan necesaria, como la deconstrucción de los roles que ejercemos, que vivimos, que imponemos.

 En el caso de la obra de Cháirez, en sus propias palabras, el arte es cuestionar; nos habla de una propuesta para contrarrestar esta hipermasculinidad de los héroes y nos obsequia su propia interpretación.

Las reacciones en contra nos sirven como indicadores de los temas en donde tenemos que trabajar para crecer como sociedad y para atacar la raíz del odio, del miedo y de la separación.

Ireri Palacios

Siento que la vida es un viaje, una búsqueda y la escritura un medio para conocerme. Amo este planeta y su soberbia Naturaleza, me dedico actualmente a la cocina vegana y a dar talleres sobre alimentación saludable. Pienso que la familia es lo más hermoso que tenemos.