De cómo puedes hacer lazos muy fuertes con la música

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Quizás, lo que quiero decir, es que entiendo el sentir de que la música puede salvar tu vida. Aunque sea por unos momentos.

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No paro de pensar en la película Ya no Estoy Aquí. La considero una verdadera obra de arte.

Más allá del aura de excentricidad y realismo contenidos a la vez en la obra, hay que expresar lo que me conmovió tanto. 

La juventud retratada en la película carece de recursos económicos, viven desde niños la condena de la pobreza y la desesperanza de su comunidad. También padecen un trato recio en casa, y una amarga situación familiar que no puede deslindarse como efecto de la pobreza estructural en la sociedad. Mexicana y regiomontana, no nos engañemos.

Al irse desarrollando la historia reconocemos la necesidad que tienen los personajes de formar amistades fuertes. La hostilidad de su mundo en el cerro de la loma larga requiere de un escape. No se diga de andar protegido en el día a día.

Me parece que hay algo que retrata el filme de forma extremadamente bella. Lo que la vuelve universal como la verdadera obra de arte que es. Es que, sin importar contextos demográficos, me pude identificar con Ulises. Encontré parte de mi en Ulises.

En cuanto a música, al igual que con la gente, usamos los conceptos de estar “en la frecuencia”, o nos parece que “tiene buena vibra”. En el principio vino el sonido, un bang, el movimiento que emite vibración que viaja por el aire y llega a nuestros oídos. 

¿Por qué a nuestro corazón le hace un eco algún sonido musical sobre otro? no lo sé. Supongo que no es algo racional. Pero sí es tan fuerte como para crear grupúsculos de identidad; culturas enteras.  Para los que lo toman muy en serio, se convierte hasta una forma de vida. En ocasiones, resulta muy importante dar señales de distinción que indiquen pertenencia a su (contra)cultura. Se convierten en movimientos más profundos, como el punk. Hay una problemática compartida o descontento grupal. Corresponden a un tiempo y lugar particular, aunque luego pueden, diluidos, persistir por el mundo y tiempo.

Un momento así es el objeto de Ya no estoy Aquí.

No lo conocí de dentro, ni siquiera resueno en especial con la música colombiana. Llegué a un evento de Celso Piña en la explanada del Museo de Historia por mera casualidad, y de esa fortuita manera, y la suerte con la que siempre corro para esas oportunidades, lo encontramos para tomarnos una foto con él. Hasta ahí yo no entendía nada, sino es por Ya No Estoy Aquí.

Creo que no tengo la edad ni el tiempo para vestirme extravagante. 

No tengo tantas tardes largas al caer el sol (a veces en pandemia, sí), ni una banda con quien reunirme a comulgar en danza con nuestra música (bueno, la verdad, sí, algunas veces). Pero me identifico con Ulises.

De muy joven cuando a mi hogar llegó el MTV y empecé a pasar una cantidad desproporcionada de horas frente a la tele, descubrí la música New Wave. Empecé a portar una gabardina de mi papá y me corté el pelo como lo veía en los videos. Vaya, no inventé nada nuevo. 

Cuando un sonido tiene un efecto masivo, y se le llama Pop sucede que a lo largo del planeta se venden guantes de encaje, faldas con holanes, tops ombligueros y moños para el pelo. Al enumerar los accesorios, mi generación ya sabrá a quien emulan. Si que pasé buenos momentos cantando y bailando con mis amigas los casetes de Madonna. 

Pero más íntimamente vibré con los segmentos que MTV transmitía a la madrugada. Digamos, no en prime-time, tenía cabida lo llamado “alternativo” o “independiente”. Caí enamorada por ciertos sonidos. Desde entonces no he parado de descubrir. Algunos ejemplares en el pasado, otros de lo más reciente, artistas de un país, y de otro.  También pasé un tiempo desproporcionado frente a la aplicación Limewire extrayendo Mp3, antes de que llegara Spotify. Encontré una mina de canciones que guardo y selecciono porque son la banda sonora de MI.

Quizás, lo que quiero decir, es que entiendo el sentir de que la música puede salvar tu vida. Aunque sea por unos momentos. 

Vean Ya no Estoy Aquí y déjense sentir algo de lo que nos hace humanos. Termino con las palabras que le escuche a la bióloga/filósofa Donna Haraway: Importa qué historias cuentan historias, importa qué mundos construyen mundos. ¡Que se cuenten! Nos acerca a ese otro del que no somos del todo diferentes. Se podría dejar de estigmatizar un aspecto, un color, un domicilio (o la falta de). Y eso le hace bastante falta al mundo.

Ana Pérez Riojas

A diario batallo un poco con filosofía, yoga, ballet, como disciplina. La escuela formal fue comunicación, humanidades y urbanismo, el reto y gusto ha sido relacionarlas.

El deseo último, que los intereses y la curiosidad no se terminen. Me puedo maravillar de cualquier cosa, y principalmente de mis hijos. La música es algo importante para mí. Me puede hacer o deshacer los días.