Cuando la apuesta por el progreso te cuesta la vida

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¿Y qué va a pasar cuando aumente la densidad en el centro? Que no canten victoria los privilegiados habitantes de estos nuevos desarrollos. Para tener una mejor calidad de vida necesitarán transporte público eficiente, alternativas de movilidad sostenible, más parques y áreas verdes, servicios de salud y educación cercanos.

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¡Cielos! Ya se terminó la coca. Ahorita vengo, voy al súper. En 10 minutos ya está de vuelta, ha comprado su elíxir de la vida (como le gusta llamarle) y aprovechó la visita a la tienda para traer a casa algunos otros víveres que recordó en el camino.

Mely -como le dicen sus amigas- no tiene auto, porque no lo necesita. Goza del privilegio que cada vez menos personas tienen en el Área Metropolitana de Monterrey: vive en una colonia de las de antes, donde a pocas calles tiene a su disposición lo que necesita: supermercados, clínicas, escuelas, transporte público, etc.

Un día, la curiosidad me llevó a echarle un vistazo al avance de la mancha urbana de la localidad. Entré a una página de internet que muestra una secuencia de fotografías de satélite tomadas desde los años ochenta hasta la actualidad. La palabra mancha, se quedó corta para poder describir lo que se puede observar: terrenos agrícolas y forestales han sido prácticamente devorados por los desarrollos urbanos e industriales. Luego investigué algunos datos: en 35 años, la población de Nuevo León se duplicó (de 2.5 millones de habitantes en 1980 a 5.1 en 2015), y el 95 por ciento de ella, vive en la ciudad.

Mucha de esta expansión ocurre de manera desordenada: primero se empieza a fincar indiscriminadamente en terrenos que se adquirieron a precios irrisorios, para luego vender las propiedades en promoción con la promesa de tener acceso a todas las comodidades cerca, seguridad las 24 horas del día, los 7 días de la semana, ¡ah!, y ¿cómo olvidarlo?, pagos al alcance de todos. Así, familias jóvenes que empiezan a crear su capital y consideran que la mejor inversión es tener casa propia, se embarcan en un crédito por el resto de su vida laboral para adquirir las únicas propiedades al alcance de su bolsillo: las más alejadas y menos habilitadas.

Conozco a más de uno que ha sido víctima de esta mercadotecnia, algunos de ellos ni siquiera se han mudado a sus nuevas propiedades. Sería un verdadero suplicio invertir horas de vida y altos presupuestos para trasladarse en coche para satisfacer la menor necesidad.

Y vivir cerca del centro, que parece estar retomando prestigio, se está convirtiendo en una alternativa inaccesible para muchos. Se empiezan a ver cada vez más edificios de vivienda vertical y usos mixtos en construcción, que pueden ayudar a reducir la vorágine de expansión territorial de la ciudad… solo que se ofertan en los segmentos residencial o residencial plus, como los llaman en el sector inmobiliario, dejando fuera de la fórmula a la clase media y clase trabajadora.

¿Y qué va a pasar cuando aumente la densidad en el centro? Que no canten victoria los privilegiados habitantes de estos nuevos desarrollos. Para tener una mejor calidad de vida necesitarán transporte público eficiente, alternativas de movilidad sostenible, más parques y áreas verdes, servicios de salud y educación cercanos. Aún no veo que esto esté avanzando al mismo paso que se transforma el paisaje con los nuevos edificios.

Celebro que se esté buscando revivir el centro, que por mucho tiempo ha estado en abandono por la salida de los habitantes del lugar. Es necesario que éste sea un crecimiento ordenado, habilitado y accesible para la mayoría, porque hoy somos víctimas de este diseño de ciudad, donde se privilegia el coche y la vivienda en casa habitación. Extender la ciudad cuesta muchísimo dinero y esfuerzo porque se necesita llevar los servicios básicos a sitios cada vez más alejados. En este escenario, lo más lejano debiera ser lo más caro. La mejor alternativa es compactar nuevamente la ciudad y habilitarla adecuadamente para que los servicios estén al alcance de todos.

A veces, Mely visita a sus amigas que tienen casa nueva y al principio, pasa por su mente un deseo: ya debería vender mi casa y mudarme a una como ésta, privadita y bien tranquila. Luego mira con atención. ¿Qué hay cerca? Casas y un pequeño parque del fraccionamiento; se da cuenta que necesitan el coche para realizar cualquier mandado. Escucha las pláticas y se sorprende que hacen más de dos horas diarias para ir y venir de su trabajo o escuela…  Al final cambia de opinión porque nota que la apuesta por el progreso en esta ciudad, te puede costar la vida.

Georgina Treviño

Siento que entre más cerca estoy de las diferentes realidades que hay a mi alrededor, más empatizo con quienes las viven y me puedo poner en acción a su favor. Mi pasión por la ciudad fue fomentada por participar en Pueblo Bicicletero, colectivo que promueve la movilidad sostenible en el Área Metropolitana de Monterrey. Soy Ingeniera de profesión y humanista de vocación, actualmente cursando estudios en Desarrollo Humano.