Cuando el destino… no alcance

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Mi visión del retiro cambió cuando empecé a ver películas americanas, donde veía felices a los ancianos jubilados; aparecían viajando por el mundo, viviendo en casas de retiro en la Florida, con amigos y bien atendidos. Entonces empecé a cuestionarme, ¿qué pasa en nuestro país?

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¿Te has fijado que cada vez vivimos más años?

Cuando yo era niña nunca escuché a mis padres hablar de su jubilación o su retiro, no se planteaba, más bien el retiro se asociaba a dejar de trabajar, y estar en la casa sin hacer nada; era sinónimo de aburrimiento y tristeza. Un factor importante de esto era el económico: no tenían pensión y dependían  de los hijos. Por fortuna para ellos, en esos años las familias eran grandes y la carga de mantener a los padres se repartía. 

Mi visión del retiro cambió cuando empecé a ver películas americanas, donde veía felices a los ancianos jubilados; aparecían viajando por el mundo, viviendo en casas de retiro en la Florida, con amigos y bien atendidos. Entonces empecé a cuestionarme, ¿qué pasa en nuestro país?, ¿por qué nosotros no tenemos esa jubilación feliz y planeada?

En todo el mundo la esperanza de vida ha crecido, cada vez es más difícil para los gobiernos tener un sistema de jubilación que brinde una buena calidad de vida. En México el promedio de vida es de 75.2 años según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Nuevo León ocupa el primer lugar, con 76.7 años seguido por Baja California Sur y Ciudad de México; los últimos lugares los tienen los estados de Oaxaca y Chiapas. De acuerdo con estos datos, tendremos que vivir de nuestra jubilación cuando menos 15 o 20 años después de retirarnos. 

Pero, ¿de qué vamos a vivir? En nuestro país, no hemos tenido una cultura del ahorro para el retiro, por eso la pensión básica universal que empezó a otorgar el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, a partir de enero de este año, por $ 1,274.61 (un mil doscientos setenta y cuatro pesos 61/00 MN), mensuales será de gran ayuda para muchos ancianos que viven en la pobreza.  Vemos cómo algunos de ellos siguen trabajando a edades avanzadas por necesidad, empacando las compras en el supermercado, de veladores, o vendiendo productos en la calle. Esta ayuda, será un respiro, aunque  no es suficiente. 

Tenemos que tomar conciencia, hacer cambios, educarnos y aprender a planear ahorros para la vejez. Los jóvenes tienen cada vez un camino más difícil; está el 57.2 por ciento de la población que se emplea de manera no formal, según el INEGI, esto es 6 de cada 10 personas que tendrán que buscar por su cuenta formar un ahorro para vivir bien en la vejez y pagar sus servicios médicos. 

El resto de la población que pertenece al trabajo formal y cuenta con todas las prestaciones de ley como Afores o el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), tendrá también un camino complicado, ya que desde la reforma al régimen de jubilación del IMSS en 1997, cambió la ley y pasó de pedir 500 semanas laboradas a 1,250 semanas;  son cuando menos 20 años trabajando, para tener derecho a una pensión y servicio médico, aún así, esta mensualidad  difícilmente alcanzará. 

Tomando en cuenta estos datos, pienso que sería muy útil para las nuevas generaciones, que se incluyera en el plan de estudios de nivel medio superior información del retiro; así los  jóvenes estarán informados, para que cuando reciban sus primeros sueldos, ya sea que trabajen por su cuenta, o en una empresa, inicien su ahorro para este fin; esto hará una gran diferencia en el resultado final, será mucho más fácil. 

 Tengo esperanza que en un futuro los ancianos también tomen vacaciones, se jubilen en alguna playa y vivan con una mejor calidad de vida, salud y pensión.  No podemos dejar nuestro futuro al azar porque éste llegará muy rápido …  el destino nos alcanza. 

Marisela Barrios Mendoza

Nací y crecí en la Huasteca Potosina, soy regiomontana por adopción, vivo aquí desde hace 40 años; Monterrey ha sido mi casa. Aquí estudié, forme una familia y he encontrado amigos.  Soy agente de seguros; disfruto pintar, leer, escribir y opinar de lo que pasa a mi alrededor. Todo acompañado de una buena taza de café.