Correr junto a mi papá

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El 2 de mayo fue su cumpleaños número 60 y nuestra familia le preparó un video donde cada quien lo felicitó. Uno de los mensajes que tuvimos en común en nuestros videos fue darle las gracias por habernos puesto el ejemplo de correr.

El primer maratón que mi papá completó fue a sus 50 años. Fue el maratón de Monterrey en diciembre del 2010 para el cual se preparó durante 1 año y a la fecha lleva más de 20 (yo ya le perdí la cuenta). La verdad no me acuerdo qué fue lo que lo hizo querer correr su primer maratón. 

Su preparación fue algo que vivimos en familia. Mi mamá lo apoyó teniendo un super desayuno cada que llegaba de sus entrenamientos largos para que fuera directo a descansar y recuperarse, pero también animándolo a cada rato. Recuerdo que al inicio mi mamá, mis hermanas y yo estábamos un poco preocupadas por él, entrenar y correr un maratón parecía ser algo bien demandante.

El día del maratón toda la familia estuvo ahí. Escogimos un lugar en el trayecto y lo esperamos hasta que pasó para echarle porras. Yo recuerdo haber estado bien sorprendida por su capacidad de correr 42 kilómetros sin parar ¡42! Una cosa impresionante. Ese día corrieron cientos de personas de todas las edades, complexiones y sexo y recuerdo haber sentido un respeto enorme por cada una de ellas. Tanto me impactó haber visto ese maratón y ver todo el esfuerzo de mi papá, ver cuánto le costó y que lo haya logrado, que fue algo que inmediatamente también quise hacer ¿Cómo me iba a perder de experimentar tal locura?

Mi papá se emocionó mucho de saber que yo también quería correr un maratón ya que sería algo que compartiríamos. Decidimos que debía comenzar por inscribirme al medio maratón de Saltillo en agosto y entrenamos casi todas las mañanas. Entre semana corríamos en República Mexicana y los domingos de distancia larga corríamos en Calzada (porque ese día cierran el tráfico de autos). Nos levantábamos a las 5:45 para irnos a correr y casi no faltábamos.

Cuando por fin corrí con mi papá los 21k en Saltillo sentí una mezcla de satisfacción y logro. Había realizado mi primer carrera de distancia larga y ya podía comenzar con el entrenamiento para el maratón de diciembre. Prepararme para el maratón me costó dejar de salir muchos fines de semana porque debíamos levantarnos bien temprano para ganarle al sol durante los meses más calurosos. Pero esos entrenamientos juntos era nuestro momento. Mi papá y yo platicamos y meditamos sobre cosas de la vida mientras corríamos. Eran recorridos largos y horas sin parar, entonces teníamos tiempo de sobra para hacernos compañía.

Para correr tanto y mantenernos bien hidratados, debíamos dejar previamente  algunos botes de agua en lugares estratégicos: arriba de un árbol o escondido entre el zacate. Mi papá a veces lo hacía una noche antes y al día siguiente sabíamos donde estaba nuestra agua. 

En otra ocasión nos pusimos bien contentos el día que descubrimos que el municipio nos estaba poniendo una banqueta en un tramo de terracería por donde corríamos cada mañana. Así se sentía, como si nos la estuvieran construyendo a nosotros en específico. Durante ese tiempo fue que también comenzamos a reconocer a la misma gente corriendo: eran rostros familiares a los que saludábamos al pasar y que terminaron por convertirse en nuestro grupo de corredores de la colonia.

El día del maratón llegó y había que estar en el Parque Fundidora para la salida. Estábamos estirando, aún estaba oscuro y yo estaba bien nerviosa mientras veía a otros corredores y corredoras calentar y trotar para iniciar la carrera. Se veían muy expertos. De repente se nos acercó una pareja de corredores a decirnos algo, no recuerdo que, cuando por alguna razón yo voltee hacia abajo y vi los tenis del corredor: vi entre sus agujetas el chip que registra tu participación y tiempo durante la carrera. 

En ese momento me quedé helada: había olvidado mi chip en la casa ¿Cómo se me pudo haber olvidado? ¿Me preparé tanto como para correr mi maratón sin medir mi tiempo ni desempeño? ¿Si corro el maratón sin el chip seré la persona invisible sin su nombre en el registro de la carrera? Todos estos pensamientos me cruzaron por la mente en ese instante. No recuerdo ni como me armé de valor para decirle a mi papá. Él se puso entre triste, preocupado y desesperado. Le hablamos a mi mamá, que aún dormía, y dice que nunca había manejado tan rápido en toda su vida. Yo me sentí súper agradecida con ella porque otra vez estuvo ahí para apoyarnos. Pero también me sentí culpable, empezamos mi primer maratón 15 minutos tarde, aunque rápidamente logramos alcanzar a los y las corredoras.

Ese no sería mi único maratón de Monterrey, mi papá y yo lo corrimos juntos varias veces. En el 2015 hicimos un viaje a Europa en familia y nos aseguramos que pudiéramos correr al menos un maratón allá. Mi papá y yo salimos sorteados en el maratón de Berlín y mi hermana se inscribió al de Bruselas. Parecía ser un buen plan ya que las carreras tenían una semana de diferencia. Primero fue el maratón de Berlín y estuvo bellísimo, lleno de gente echando porras con banderas de diferentes países por todos lados. Ese día fue un día soleado y corrí por tanto tiempo que hasta se me broncearon un poco las piernas.

Una semana después fue el maratón de Bruselas y resultó ser que mi hermana no podría correrlo. Decidimos que no íbamos a desperdiciar su lugar y que yo lo correría en su nombre. Eso significaba que entonces mi papá también tenía que unirse. Si yo lo iba a correr él también y logramos conseguir otro lugar en la carrera. Un domingo corrimos el maratón de Berlín y al domingo siguiente mi papá y yo nos aventuramos a correr el de Bruselas. ‘’Volamos’’ e incluso mejoramos nuestro tiempo de Berlín.

Al final, he corrido 9 maratones, todos al lado de mi papá y él nunca me dejó atrás ni se separó de mí. Así cómo en mi primero en donde él me esperó, siempre entrenamos y corrimos nuestros maratones juntos. Ahora vivimos lejos y cada quien sigue corriendo desde donde está. Mientras corro, a veces pienso que me gustaría que él estuviera ahí para que vea lo que estoy viendo. Pero a pesar de que no estamos juntos, aún puedo salir a hacerlo y estar con él.

La última vez que estuve de visita salimos juntos otra vez. Pasamos por la misma banqueta, los mismos cruces y los mismos árboles estaban ahí. Pero sobre todo, mientras volvíamos a platicar al correr, reconocí ese ritmo y paso tan familiar que volvió a mis piernas naturalmente. Es el de correr junto con mi papá.

Elisa Ontáñez
Me gustan las ciudades, leer y tomarle fotos a lo mundano. Soy diseñadora y me enfoco en espacios más incluyentes y temas de género. Soy feminista @eotanez