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Coronacortes

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Desde que tengo memoria, mi padre es un hombre bien pulcro, limpio y bien peinado. Cuando era niña me sorprendía verlo rasurarse y después echarse en la cara esa loción que dejaba impregnada toda la casa con olor a Papá ya salió a trabajar. Lleva años cortándose religiosamente el pelo cada dos semanas y estos días es la persona que más ha sufrido por el cierre de todas las peluquerías de la ciudad.

– Ya llevo un mes sin cortarme el pelo, parezco loco.

– Es un recuerdo de tus años de rockero, como en esa foto de tu prepa donde sales con el pelo hasta los hombros. Ja, ja, ja. – le respondo burlonamente.

Hace dos días salió al súper y regresó con una máquina para cortar cabello, me dijo que necesitaba que aprendiera a usarla porque ya no aguantaba más. Otra vez me reí burlona. Te voy a tusar. No creí que fuera en serio.

Hoy tocó desesperadamente mi puerta, quería saber si ya había visto tutoriales o algo para usar la máquina. Yo no comprendía muy bien, por qué de las tres mujeres que vivimos en la casa, fui la elegida. A ti te gusta hacer cosas con las manos. – respondió a mis cuestionamientos- Además, dice tu mamá que a ti no te reclamo y a ella sí.

– Bueno, te voy a cortar el pelo, pero bajo tu propio riesgo.

Es común que me meta en situaciones donde no sé muy bien qué hacer porque suelo minimizar el trabajo que se necesita para adquirir ciertas habilidades. Hace un par de años tomé un curso de maquillaje para principiantes y por casualidad del destino y abrir de más la boca, terminé maquillando en una producción de un comercial para televisión.

No sabía que tendría que peinar también, me lo dijeron un día antes. Pasé esa noche investigando y practicando cómo hacer un peinado profesional sencillo. Al llegar la persona tenía el pelo rizado, yo solo había practicado sobre mi cabello crespo pero lacio. Tardé horas en plancharle el cabello a la mujer y ejecutar mi ensayado peinado de manera medianamente decente. Nadie dijo nada, les urgía realizar las tomas. Nunca supe si se enteraron o no de mi falta de conocimiento en el tema, pero el comercial salió al aire y todo. Me pagaron. El peinado dejaba qué desear, pero daba el gatazo.

¿Será que esta vez ocurra lo mismo? Tal vez tengo un talento innato para el estilismo y esto me hace darme cuenta… tal vez pueda comenzar a cortar en mi patio el cabello de mis vecinos. Podría poner mi anuncio: Coronacortes. Cobrar 25 o 30 pesos, mucho más barato que lo usual por aquello del alto riesgo a que no quede bien…

Mi monólogo interior se calló en el momento en que comencé a ver video tutoriales… al parecer cortar cabello con máquina es mucho más complicado de lo que suponía. El aparato trae varias medidas y además un sistema de fracciones dependiendo de qué tantas pulgadas de cabello se quieren cortar. Además, hay que intercambiar entre unos accesorios de plástico pues se debe difuminar el corte para que no parezca que se colocó un tupé encima de una cabeza pelona.

Vi cinco videos y consideré estar lista. Le hablé a mi papá y dividí su cabello como decía el tutorial, comencé a pasar la máquina… En el peor de los casos, López-Gatell dijo que la cuarentena se extiende un mes más, papá tendrá tiempo para que su cabello crezca.

Lucía Anaya

Soy muy curiosa, feminista, fan de los perritos, las caminatas y el café. Me apasionan los temas de sociedad, género, nuevos medios y cultura audiovisual. Me encanta aprender, estudié una Licenciatura en Arte Digital y una Maestría en Humanidades. Actualmente me desempeño como creadora de contenido digital tanto educativo como para marcas.