Consúltame de verdad

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Existen fallas fundamentales en la dinámica de votación propuesta que dejan muy visible que este ejercicio para nada significa más poder de decisión para vecinas y vecinos. Más bien, nos presentan una apuesta antidemocrática y omisa al Reglamento de Participación Ciudadana del municipio. 

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En Monterrey nos están preguntando si queremos que se construyan segundos pisos para la circulación de automóviles en cuatro avenidas principales de la ciudad. Dicen que nos preguntan para escuchar nuestra opinión. ¿No será que la decisión ya está tomada?

Estamos acostumbrados a que las administraciones municipales tomen decisiones sin que nos volteen a ver. Esta vez, el Adrián de la Garza, alcalde de Monterrey, decidió que valía la pena presentar un ejercicio de votación abierto para que opinemos si queremos o no que se construyan los segundos pisos. ¿Tenemos otra opción? Como están las cosas, la respuesta es no. 

Existen fallas fundamentales en la dinámica de votación propuesta que dejan muy visible que este ejercicio para nada significa más poder de decisión para vecinas y vecinos. Más bien, nos presentan una apuesta antidemocrática y omisa al Reglamento de Participación Ciudadana del municipio. 

La dinámica de votación tal y como está diseñada no reúne los requisitos mínimos para obtener una respuesta representativa de la opinión de las vecinas y los vecinos de Monterrey, desde la formulación de las preguntas, hasta las reglas para poder votar. Además, no existe constancia de presentación del documento de convocatoria establecido en el artículo 119 del Reglamento de Participación Ciudadana del municipio de Monterrey.

La plataforma virtual y los centros físicos instalados en tres plazas comerciales permiten votar múltiples veces a una misma persona y no cuentan con formas de verificar el domicilio de quienes están votando. Además, el ejercicio no respeta el artículo 120 del reglamento, el cual define que, para participar, las personas deben contar con credencial de elector vigente.

La redacción de las preguntas que presenta la consulta es parcial y sesgada pues ignoran otras muchas posibilidades reales de solución y suponen que la única alternativa para mejorar la movilidad de la ciudad es la construcción de más infraestructura pública para el automóvil, cuando es justo el uso desmedido de los carros el que ha causado que nuestras calles sean intransitables y peligrosas.

El diseño de este ejercicio de votación deja claro que el ayuntamiento solo busca ratificar una decisión ya tomada para beneficiar principalmente a las empresas privadas que financien su construcción y cobren por el derecho a circular por esos segundos pisos. 

De ninguna manera este ejercicio fortalece la capacidad de decisión de quienes habitamos en la ciudad. Al contrario, termina por utilizar con fines mediáticos una herramienta que contempla el Reglamento de Participación Ciudadana y que debería servir para que nuestra opinión tenga verdadero peso en las decisiones que se realizan en el municipio.

No dejemos que el discurso se imponga a la realidad. Esta consulta debe ser implementada de otra manera o definitivamente cancelada. Para iniciar, el Cabildo de Monterrey debe hacerse presente y las y los regidores deben asegurar que el ejercicio de votación se apegue al Reglamento de Participación Ciudadana. 

Para contar con certeza en el proceso es indispensable que se convoque a mesas de trabajo para diseñar un verdadero mecanismo de consulta que asegure la representatividad de la opinión de la mayoría de los habitantes de la ciudad. 

Una consulta con intenciones de participación directa real debe tener impacto justamente en la operación del ayuntamiento. ¿Qué implica eso? Pues que, en lugar de ponernos en frente una decisión ya tomada, nos dejen decidir sobre cómo y en qué se invierte en infraestructura para solucionar la paralización en que nos tiene la inversión abrumadora en infraestructura pública para uso exclusivo del automóvil. 

Dentro de las modificaciones necesarias para que este ejercicio tenga un valor real está la verificación de la identidad de la persona que emite su opinión, el control de la cantidad de veces que se puede votar y la reformulación de las preguntas para evitar los sesgos actuales.

Para hablar de una verdadera consulta, tenemos que poder decidir entre alternativas reales. El ejercicio actual, nos limita a ratificar o no una decisión ya tomada que vuelve a beneficiar a unos pocos, generando efectos negativos para el resto como mayor contaminación del aire y mayores tiempos de atasco en el tráfico.

El alcalde, los síndicos y las regidoras y regidores deben asumir su responsabilidad de representar a quienes habitamos en la ciudad y no a un grupo de empresas particulares que quieren hacerse ricos a costa de entorpecer aún más la movilidad urbana.

Roberto Alviso

Nómada en abstinencia viviendo en Monterrey. Le hago al análisis político y a la comunicación. Devoto de lo público y escéptico de lo privado. A veces, cuento historias para entenderme, otras ni yo me entiendo. Colaboro en Renace y siembro comunidad en Raíces Nuevo León. En Twitter me encuentras como @Robalviso