¿Casarte para ser feliz?

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¿Está usted a punto de casarse? ¿Tiene contemplado casarse o unirse con alguien en su futuro? Revise esta lista pero sobre todo defina su proyecto de vida. Establezca su misión en la vida y entonces sabrá mejor cual es el socio que le conviene.

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“Una gran mayoría de nuestros matrimonios
son sacramentalmente nulos”.
Papa Francisco

Durante un proceso de divorcio los protagonistas quedan devastados porque una parte muy importante de su forma de vivir se resquebraja. Para los hijos del divorcio el sufrimiento no es menor, en este caso es todo su universo el que se quiebra. Las consecuencias alcanzan a amigos y familiares. El dolor es grande.

Es un fenómeno que cada vez impacta más a nuestra sociedad. En 2016, con la implementación del divorcio incausado, llegamos en Nuevo León a la cifra de 56 divorcios por cada 100 matrimonios.

Tras 15 años de colaborar en la Pastoral Familiar he tenido la oportunidad de preguntar a muchas personas lo siguiente, ¿te divorciaste por algo que apareció o que estaba presente desde el momento en que te casaste? Prácticamente todos han contestado que la causa estaba presente desde el momento en que se casaron.

Sin embargo, siguieron adelante porque se negaron a verlo o pensaron que podían vivir con eso o, la más inocente de todas, pensaron que la situación iba a cambiar.

También ha habido un importante incremento en las declaraciones de nulidad matrimonial en el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis (en diferentes diócesis se habla desde un 200 por ciento hasta un 500 por ciento, más desde que el Papa simplificó el proceso en 2015), esto es, la declaración de que esos matrimonios nunca existieron eclesialmente. Estaban separados desde el principio.

Un alto porcentaje de los matrimonios que se están llevando a cabo terminarán en divorcio por causas que están presentes en este momento.  De ahí la necesidad de revisar las siguientes probables causas antes de proceder. Estas son un compendio de lo observado tanto en la convivencia con los divorciados como en el análisis de las causas de nulidad matrimonial.

  1. Confundir amor con enamoramiento. El amor es una decisión voluntaria para ser bondadoso, compasivo y afectuoso con la persona amada. No es un sentimiento ajeno a la capacidad de decisión. Claro que conviene ayudarse, es más fácil decidir amar a alguien agradable que a alguien desagradable, pero esto tiene que ver más con enamoramiento que con amor. El amor es fundamentalmente un ejercicio de la voluntad. No cuenta estar enamorado sino estar dispuesto.
  2. Casarse para ser feliz. Si dos personas independientes, maduras y capaces de ser felices por ellas mismas se asocian para la vida sucederán cosas maravillosas, pero necesitar estar casado para ser feliz lo convertirá en carga para su cónyuge, y las cargas cansan.
  3. Pretender vivir felices para siempre. Las características personales que en algunas circunstancias son cualidades, son malas en otras. Lo bueno es que las circunstancias pasan, llegan y se van.  Lo malo es que muchas parejas se bajan del barco a la mitad de la transición; hay que estar preparado para soportar raspones.
  4. Casarse sin conocimiento de sí mismo ni de su misión en la vida. Su felicidad dependerá mucho de estar realizando un proyecto cuyas metas honren sus propios valores. Su pareja puede ser el socio idóneo para realizar su proyecto (y usted el socio idóneo del proyecto de su pareja); pero  si no define para sí mismo un proyecto de vida, ¿cómo sabrá cuál socio le conviene tener? De alguien que le apoye en la persecución de su proyecto de vida, no se cansará.
  5. Tomar en cuenta cualidades que son extrínsecas a la persona. Si se casa por lo que tiene se frustrará cuando lo llegue a perder. Igualmente no conviene tomar en cuenta condiciones futuras,  ni condiciones inciertas. Tome en cuenta lo que su pareja es -lo intrínseco a la persona- eso no dejará de estar presente.
  6. No compartir valores. Cuando algo honra nuestros valores nos hace sentir bien. De lo contrario, cuando algo deshonra nuestros valores, nos sentimos mal, molestos, infelices. Si lo que molesta a uno no molesta al otro, o lo que hace feliz a uno no hace feliz al otro, habrá lastres en la vida.
  7. No ventilar y acordar previamente asuntos relativos a la vida matrimonial. Temas como el presupuesto familiar (muy importante porque pone en blanco y negro las prioridades de ambos), los hijos que se van a tener, los tiempos para estar juntos y para estar separados, etc.
  8. Casarse por razones que no tienen que ver con la ayuda mutua en los proyectos de vida. Ya sea por embarazo, por el deseo de salirse de la casa de los padres o por temor reverencial (miedo a quedar mal con alguna figura de autoridad), sin estar verdaderamente dispuesto a la vida matrimonial.

¿Está usted a punto de casarse? ¿Tiene contemplado casarse o unirse con alguien en su futuro?

Revise la lista pero sobre todo defina su proyecto de vida.

Establezca su misión en la vida y entonces sabrá mejor cual es el socio que le conviene.

Luis Ylizaliturri

Maestro y consultor de empresas, divorciado de un primer matrimonio y viudo de un segundo, padre de 3 hijos, IIS por el ITESM y MA por la EGADE. Ha trabajado en diversas empresas en áreas de manufactura, logística, construcción, servicios y ha colaborado desde 2004 en la  Pastoral Familiar de la Arquidiócesis de Monterrey con grupos de segundos matrimonios. Actualmente colabora con Promotora Ambiental, S.A de C.V.,  el Instituto Tecnológico de Nuevo León y es acólito en la Parroquia de la Purísima.