Carta a Pedro Salmerón

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Antes que nada, es justo pedirte una disculpa. Confieso que me sumé a este fusilamiento digital dejándome llevar por algunos medios, posiciones de organismos de derecha y sociedad regiomontana a la que pertenezco. Sin embargo, el escribirte esta carta me llevó a analizar más a fondo tu articulo y también a preguntarme ¿quién es Pedro Salmerón?

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22 de septiembre 2019

Estimado Pedro:

Me permito escribirte esta carta sin conocerte; lo hago porque he leído tu artículo sobre la muerte de Eugenio Garza Sada que ha ocasionado tu linchamiento mediático. 

Antes que nada, es justo pedirte una disculpa. Confieso que me sumé a este fusilamiento digital dejándome llevar por algunos medios, posiciones de organismos de derecha y sociedad regiomontana a la que pertenezco. Sin embargo, el escribirte esta carta me llevó a analizar más a fondo tu articulo y también a preguntarme ¿quién es Pedro Salmerón?

Empiezo por tu artículo: escribiste 373 palabras, en ellas empleaste 74 (19.84 por ciento de las palabras de tu texto), para ensalzar a Don Eugenio. Lo describes como notable, emprendedor, modesto, austero, prototipo del empresario con sentido humano, impulsor de empresas que fueron cabeza del proceso de industrialización nacional y otros adjetivos que muestran respeto y admiración. Usaste 298 palabras (79.89 por ciento) para, como buen historiador, narrar los hechos sin emitir juicios, ejemplo de ello es “Su muerte fue resultado de la profunda división que experimentó la sociedad mexicana desde los años sesenta, cuando muchos jóvenes que veían canceladas las posibilidades de participación y transformación pacífica de un sistema político vertical y autoritario, buscaron cambiar las cosas por la vía violenta”. Y bueno, Pedro, usaste una palabra (.27 por ciento) para, a mi juicio e interpretación, tratar de dignificar un movimiento social con el cual te sientes identificado y no pudiste traicionar.

No quiero decir con esto que representas o defiendes las acciones de este grupo, lo dejaste muy claro en tu artículo publicado en La Jornada cuando te nombraron Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y en el que te reconoces orgulloso de izquierda, anhelas una mejor sociedad y testificas que hace muchos años te convenciste de que el proceso de la vía armada se ha cerrado. (Treinta años no es nada. La Jornada, 11 de diciembre 2018).

¿Qué te digo Pedro?, te pido una disculpa por mal interpretar el fondo de tu artículo, y bajo este análisis y ya con la confianza de que nos conocemos mejor, te diría que, sin embargo, cometiste dos errores.

El primero es el motivo de tu linchamiento,  no creo que a ningún asesinato o secuestro se le pueda llamar “valiente”, no así los movimientos sociales, creo que cualquier acción que lucha por una mejor sociedad tiene bien merecido el adjetivo de valiente. Pero los movimientos son organizados por personas, Pedro, y las personas se equivocan, los ideales son sublimes, pero las acciones pueden ser cobardes cuando se piensa que el fin justifica los medios. El asesinato de Don Eugenio fue cobarde, decir lo contario es indefendible, como indefendible es el asesinato del empresario jalisciense Fernando Araguren por la Liga 23 de Septiembre cuando no se pagó su rescate a menos de un mes de la muerte de Don Eugenio. Pero te entiendo, Pedro, quisiste dignificar los ideales del movimiento como el historiador que eres y sacrificaste la sensibilidad política que requieres como funcionario. Esto escribiste en La Jornada el 11 de diciembre del 2018, a raíz de tu nombramiento: “Vale decir, de una vez, que aquellos que piensen que desde ahí impulsaré mi particular concepción de la historia se llevarán un chasco: la pluralidad será eje de mi tarea.”. A mi parecer, no te fue posible cumplirlo.

Segundo error Pedro, hacerte la víctima. Toda crisis es una oportunidad, tú lo sabes. Había mil formas de enfrentar este tema y salir fortalecido, creo que optaste por la peor, victimizarte, condenar a la derecha y dar explicaciones sin sentido que no te engrandecen y alargan una discusión sin rumbo. También escribiste ese 11 de diciembre: “Reitero: hoy, con este artículo, cierro un ciclo y un tono.”. En tu respuesta, el tono resurgió.

Estimado Pedro, me gustaría leerte en un texto, en el que al igual que yo lo hago contigo, reconozcas tus errores sin traicionar tus ideales. Lo creo necesario para poder escucharte con objetividad, sin apasionamientos, para poder leerte como el hombre que aporta a la justicia social que está pendiente en este país. Me gustaría leer la página de la historia dedicada a los sucesos que causaron tu salida del gobierno como parte de un proceso de aprendizaje y reconciliación entre dos sectores antagónicos pero que se reconocen necesarios. Asesinar no te califica como valiente, luchar por tus ideales para que tengamos un mejor México como tú lo haces, sí.

Recibe un cordial saludo.

Javier Potes

Javier Potes

Chilango de nacimiento, regiomontano por convicción, colombiano de sangre y cuentero por vocación. Amante de la disrupcion y los imposibles, creyente del poder de la participación y de la responsabilidad social. Dedicado a mi familia y a mejorar el sistema de salud en México.