Capítulo II: La retriste situación de la formación de los psicólogos

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Cada vez más al estudiante se le empieza a considerar como un cliente, alguien a quien se le debe facilitar sus estudios, para que no deserte e interrumpa su desenvolvimiento académico, y por supuesto, siga pagando sus debidas cuotas mensuales o semestrales a la institución en turno, pública o privada. 

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La educación hoy en día se ha convertido en un negocio y uno de los más remunerados. La educación superior no escapa de este business, por ello la cada vez más abundante proliferación de universidades o tecnológicos que ofertan cualquier cantidad de carreras y distintas formas de cursarlas, como son la modalidad en línea, presencial, semipresencial, fines de semana, sabatinos, nocturno, ejecutivo, etc. Cada vez más planes de estudio que se adaptan al estudiante, a sus tiempos o a su trabajo. Lo cual en teoría suena genial para que cada quien tenga la oportunidad de terminar una carrera y busque superarse en la vida, sin embargo, desgraciadamente, en muchas ocasiones el precio que hay que pagar ante tanta facilidad es la merma en la calidad académica.

Cada vez más al estudiante se le empieza a considerar como un cliente, alguien a quien se le debe facilitar sus estudios, para que no deserte e interrumpa su desenvolvimiento académico, y por supuesto, siga pagando sus debidas cuotas mensuales o semestrales a la institución en turno, pública o privada.

El campo de la formación de profesionales del área de la Psicología no ha estado exento de estos fenómenos, sin duda alguna una carta fuerte para las nuevas universidades o tecnológicos, para empezar a darse a conocer, obtener alumnado, clientes y entradas de dinero, es el ofertar la carrera de Psicología dentro de sus opciones curriculares, ya que esta carrera, a pesar de las problemáticas que describí en la anterior columna (consultarla dando click aquí) , es de las más demandadas y saturadas del país.

Entonces nos vamos confrontado ante otra problemática, ¿qué tipo de formación se está llevando a cabo para estos estudiantes más vistos como clientes?, en una carrera donde implica seriedad, compromiso ético, acervo teórico, empatía, práctica, supervisión, ¿están dadas las condiciones mínimas necesarias para una formación (en teoría) de calidad?

Un punto importante es el de la planta docente, sin duda en todos lados hay profesores que dejan mucho que desear, no es exclusivo de ninguna institución, sin embargo, pareciera que estas universidades de nueva creación (aunque algunas ni tan nuevas), sirven de fuente laboral para psicólogos jóvenes quienes, al no encontrar otra fuente de ingresos, entran a trabajar como docentes a escuelas “innovadoras”, logrando una especie de negocio redondo ya que mal pagan al docente aprovechando su necesidad de empleo, pero cobrándole bien al alumnado. Esto pone en tela de duda la calidad académica, aunque confirmo que sí existen jóvenes con potencial y vocación docente, pero su falta de experiencia en la cátedra y en la vida profesional ponen a pensar en lo que le pueden o no estar transmitiendo a sus estudiantes.

Y para rematar, muchas instituciones públicas o privadas, de más o menos prestigio, ni siquiera conciben como obligatorias las prácticas profesionales. Éstas son minimizadas o desvalorizadas, por lo mismo no se dan a la tarea de formalizar convenios con instituciones serias del sector público o privado que les reciban a sus estudiantes y en un ganar-ganar logren trabajar juntos en pro de la formación de los alumnos.

Y es que como en todo existe un trasfondo, en muchas ocasiones se le da la libertad al alumno de escoger sus prácticas en cualquiera de las ramas en la que actualmente se encuentra involucrada la psicología como laboral, educativo, clínico, etc., y en dónde realizarlas, sin embargo, algunos de los alumnos, ante la facilidad que se les presenta, elijen el lugar donde ya se encuentran trabajando y por supuesto no realizando funciones de psicólogo. Lo eligen por comodidad y al no tener una vigilancia estricta en este sentido, cuando termina el tiempo de las prácticas, para la escuela esos estudiantes “cumplieron” con el requisito. Y entonces se cae en un conformismo y complicidad escuela-alumno donde rige el “mientras me den mi papelito no hay bronca con mi formación”.

Cierro con la pregunta ¿por qué diantres la Secretaría de Educación Pública otorga casi a cualquiera los permisos para la impartición de la carrera de Psicología, como si fueran chicles?, así solo se está produciendo en varias instituciones un déficit en la formación de los futuros psicólogos, quienes de por sí ya tienen difícil la cuestión laboral, ahora súmenle lo ya mencionado.

Nos vemos en el capítulo III…

 

Carlos Llanes

Practica el Psicoanálisis en la ciudad de Monterrey, miembro fundador titular de Vía Regia al Psicoanálisis, candidato a Doctor en Investigación Psicoanalítica por el Colegio Internacional de Educación Superior. Es miembro del comité editorial de la Revista Letra en Psicoanálisis, ha sido maestro en varias instituciones educativas, actualmente se encarga del Departamento de Psicología del Hospital Regional Monterrey-ISSSTE, es maestro de la Licenciatura en Educación y Gestión de Centros Educativos de la Universidad Metropolitana de Monterrey y atiende en consulta privada.