¡Ánimo, joven!

Por |

- ¿A dónde lo llevo? - A ver a mi hija, me contesta sonriendo.

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

– ¿A dónde lo llevo?
– A ver a mi hija, me contesta sonriendo.
– Bueno, nada más dígame para qué rumbo y con mucho gusto lo llevo.
Aquel hombre era joven, unos 22 años aproximadamente, se veía cansado, pero aun así sonreía y lucía contento, con su toper en una bolsa de plástico y el uniforme de mezclilla de una conocida empresa del rumbo, se adivinaba que era obrero. Después de decirme la colonia a donde nos dirigíamos seguimos la plática.
– Hoy es día de ver a mi hija, está chiquita. Es tremenda, ya me reconoce, y también reconoce mi voz cuando le hablo por teléfono, se parece a mí. Jejejeje, ¿qué puedo decir yo?, ¿verdad? Me tiene loco.
Su sonrisa y mirada lo decían todo. De esas veces que sientes que el buen ánimo de las personas inunda el carro y te lo contagian.
-Nada más estoy esperando que crezca un poco para sacarla a pasear y que la conozca mi mamá… bueno, si me la prestan, yo creo que sí, ¿verdad? No he fallado en nada de lo que  dijo el juez, así que no creo que haya problema.
De pronto, como que vuelve a la realidad, saca su celular, y llama a su esposa. Saluda y le dice que va en camino a ver a la niña, ¡y que se arma! Inmediatamente se escucharon los gritos de la señora, pude entender perfectamente lo que decía, estaba realmente alterada. El hombre aquel se retiraba el celular del oído y empezó a gritar también.
– Entonces qué, no voy, ¿o qué?
-¡No vas! ¡Vente para la casa!
– Sí voy, ya habíamos hablado de esto. Tú sabías de mi compromiso con mi hija, no voy a dejar de ir.
– Yo soy tu esposa y también tienes compromiso conmigo, así que no vas, ya te dije, vente para la casa.
– No, lo siento, ya voy en camino, también voy a dejarle lo de la pensión.
– ¿Ese es el problema? Pues mándaselo, deposítale, tú no tienes que ir, es más, tráemelo, tráeme el dinero, yo se lo llevo, órale, aquí te espero.
– ¡Es mi hija! Quiero ir a verla, tú sabías, tú sabías de ella.
– Mi mamá nos está esperando, ya vente o qué, ¿vas a dejar plantada a mi mamá?
– Al rato vamos a ver a tu mamá, pero primero voy a ver a la niña.
– Y, ¿tú crees que mi mamá te va a estar esperando hasta la hora que tú quieras? ¡Ya, vente!
Este último grito en serio que fue descomunal, el muchacho volteó a verme y como disculpa se encogió de hombros.
– Mira, voy a colgar, así no se puede hablar contigo.
– No, no me cuelgues, cabrón, porque…
Clic. Colgó. Silencio total. Aquel hombre bajó la cabeza y fue como si de pronto envejeciera ante mis ojos. Con la voz cortada me dijo que su esposa sabía de la existencia de la niña y que así lo había aceptado.
– Me dijo que me perdonaba, que nunca se metería en mi relación con mi hija, pero la verdad es que esto ha sido un infierno desde que nos casamos, estoy muy cansado.
Y yo solo me limitaba a escucharlo. Me hubiera gustado poder abrazarlo y decirle algunas palabras que aliviaran un poco su dolor, poner en práctica mis conocimientos de acompañamiento en el sufrimiento, pero no hubo manera de hacerlo. Ya estábamos cerca de su destino. En un semáforo en rojo le froté la espalda de manera amigable y volteando a verlo solo le dije ¡Ánimo, joven!, ya vamos a llegar, ¡que no lo vea su hija así! Eso fue suficiente para que soltara el llanto. Bajé la velocidad y con el nudo en la garganta guardé silencio hasta que él exclamó:
– Gracias, necesitaba desahogarme, me hacía falta un cariñito como ese… se sintió bonito.
Entre suspiros de los dos llegamos a su destino y bueno, ya saben cómo es una, me quedé estacionada un poco más de lo normal. Lo suficiente como para ver que no le permitieron entrar a la casa y que un hombre maduro y de gesto hosco sacó a la niña para que la cargara. Vi a la niña sonreír y extender los brazos hacia a su padre y vi la transformación de éste al abrazarla.

Vicky Ponce

Psicóloga, amante de la naturaleza y los deportes, me dedico a contemplar la vida desde mi jubilación hace 18 años.  Activista de los derechos de la comunidad LGBTTTI, fui co-fundadora de la primera A. C. Lésbica en el estado. Disfruto rabiosamente a mi familia y soy taxista. Encantada de mi existencia.