Anhelos

esta es la segunda parte de dos, del ejercicio de compartir nuestros deseos para este 2020. creemos profundamente en el poder de las palabras para crear nuevas realidades.

  1. Mis Anhelos

Cuando vi la convocatoria de Vertebrales para hacer este ejercicio, pensé que tardaría minutos en plasmar aquí lo que deseo fervientemente para este 2020. 

La verdad, no ha sido fácil. Le he dado vueltas y vueltas al asunto. ¿qué quiero realmente para el 2020? ¿Cuáles son mis verdaderos anhelos? ¿En verdad es tan complicado? Cuando inicié el 2019 era muy sencillo hablar de objetivos: Cumplir con la meta de ventas establecida por la empresa. Al final, llegamos a la meta, pero yo no llegué a diciembre. Es decir, en noviembre me despidieron. ¡Qué problema! No solo no tengo un ingreso, ¡ahora tengo que pensar en mis propios anhelos!

¿Cuáles son mis anhelos para el 2020? ¿Hasta dónde tengo que profundizar para llegar a la respuesta? ¿Qué es lo que realmente quiero? Tantos años obedeciendo (a mis padres, a mis maestros, a mis jefes, etc.) me llevaron a confundir mis anhelos con los de la familia, de la escuela, de la empresa. Terminar la carrera, tener dos hijos, tener una casa, tener un buen cuerpo, superar la meta de ventas. Eso ha sido lo más parecido a “anhelos” que he tenido. Algunos los he cumplido, otros no. Pero todas estos deseos bien podrían estar impresos en papelitos dentro de una tómbola, y cualquiera que los tome en suerte, podría hacerlas suyos. Es decir, “mis anhelos” hasta hoy, pudieran ser los de cualquier otra persona.  

Creo que es momento de simplificarlos. Para muchos, pudiera ser un anhelo despertar bajo un techo protector. ¿Cuántos anhelan tener lo físicamente necesario para salir a correr? ¿Cuántos quisieran ser amados? ¿tener comida en su refrigerador? ¿Qué tal tener refrigerador o luz para conectarlo? ¡Tener comida!  ¿Cuántas personas valorarían tener una habilidad que otros vemos tan simple como saber leer?

No es fácil desligarse de lo que indica nuestra regiomontana sociedad. Somos pujantes y nunca conformistas. ¿Cómo puedo no anhelar tener más? Debería escribir que anhelo montar una cafetería. Que estoy dispuesto a hacer todo lo necesario para elaborar el mejor café, en el mejor lugar, con las mejores máquinas.  Pero mi anhelo está en la taza de café que me tomo cada día. Eso me permite disfrutar su aroma, su textura, su sabor y el efecto que hace al despertar. No es conformismo, es felicidad.

Toda la vida me he enfocado en hacer para tener. Hoy, mi enfoque está en mi ser.

Carlos Gonzalez.

2. Anhelos colectivos 2020

Ni dieta, ni ejercicio, ni ahorro, ni mejorar hábitos serán mis deseos para el 2020.  Bueno, si lo serán, pero no de manera individual. 

Mis anhelos para el 2020 en esta ocasión serán colectivos. Con el tiempo he visto que la suma de lo individual, si no se hace de manera consciente, no traerá un beneficio masivo.

¿De qué me sirve bajar de peso, mejorar mi condición física, tener más dinero y practicar mindfulness si solo repercute en mí?

Por eso este año mi deseo es que trabajemos en ser una sociedad más justa, organizada y conectada. Que nos una el deseo de tener una mejor ciudad y participemos con nuestras acciones para que suceda. 

Que la dieta colectiva sea dejar de consumir fake news, reducir las horas dedicadas a redes sociales y eliminar conversaciones chatarra que solo nos engordan de ideas, pero no nos nutren en pensamientos ni racionales.   

Un buen ejercicio será que todos podamos reducir los viajes en auto y sustituir algunos de ellos en medios no motorizados, compartir el auto cada vez que sea posible y caminar, si es posible caminar mucho, para reconocer nuestra ciudad desde otra perspectiva. El mejor crossfit será limpiar una calle, un parque o el río, pero hacerlo como voluntario o con vecinos que nos animen a seguir adelante y apreciar en colectivo el resultado. 

Podemos ahorrarles trabajo a otros al empezar a separar la basura, dejar de consumir desechables de un solo uso y cargando con nuestros recipientes para bebidas. 

Si dejemos de ignorar que hay personas distintas a nosotros que quizás se ven afectadas por lo que hacemos o decimos, podemos entender mejor la actualidad que vivimos. Que nuestra práctica espiritual sea la empatía.

Quizás, como casi todos los propósitos que hacemos al iniciar un año, no logremos llegar a un nivel optimo de ciudad en tan corto plazo, pero es mejor empezar a cambiar que seguir como estamos.  Y si estamos convencidos que este es el camino, invitar a otros a participar nos hará más placentero el viaje. 

Que los deseos colectivos para el 2020, sean el arranque de una carrera de resistencia y por equipo para tener una mejor ciudad. 

Eduardo Quintanilla.

3. Anhelos

mi corazón

abre la ventana

vida

aquí estoy

Alejandra Pizarnik

Decir paz suena a poco, por tanto y por repetido -como decir amor, como alegría, salud-, pero en este mundo externo, en este mundo interno, bien que se anhelan. Se anhela vida.

Casi ochocientas ejecuciones de personas en el estado, más de 30 mil en el país. Miles de miles de desapariciones; feminicidios, violencia, contaminación. Año doloroso. Un entorno que lastima, que deprime. Y lo interno a veces acorde: intensas las estaciones del diecinueve, mirar los ojos, a ratos ahogarse en el mar bajo los párpados, autoincomprensiones, autoexplicaciones, esperanzas y rayos de sol.

“Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación”, releo a Pizarnik, mientras quiero pensar en anhelos para que se vivan los derechos humanos. 

Pienso en la impostergable urgencia de la localización de personas que han sido arrancadas de sus familias. Anhelo se avance en conocer dónde están y en romper los canales que permiten que ese delito continúe. Deseo que la demanda y construcción de caminos no sea en vano, sino que se comprometan los funcionarios en la atención a las familias afectadas, a la sociedad rota; en reconstruir, dinamizar. 

Anhelo también que las niñas y niños que han sido víctimas de abuso sexual se atiendan, se escuchen, y quienes les dañaron se sancionen. Deseo que baste de trata de mujeres, baste de feminicidios, ejecuciones, discriminación, abuso en las cárceles, contaminación. Anhelo que el Estado haga lo que le corresponde: garantizar los derechos. 

Pero, también, “corazón de la noche, habla”: anhelo paz interna. Momentos de silencio total. Deseo sumergirme en el agua profunda de sueños y realidades; anhelo ser capaz de tirarme al abismo, de saberme sin certezas, de reconocerme desde dentro. Hacer cambios, con la mano en el corazón. Apostar a re/construcciones y, una vez hecho, que el universo disponga. 

Anhelo saber decidir, disfrutar, confrontar la culpa cuando venga; pintar, crear, leer–hacer poesía; no soltar-me de mis amigas y amigos, de la gente querida y de familia, cuidar. Disfrutar del bosque, la música; ir al mar, reír, comer, bailar, latir en lo que haga. Hablar de lo que vibra en la médula, vivir. Paz, amor, alegría, salud. Anhelos. Mi corazón abre la ventana. 

Liz Sánchez R.

4. Próximos a cerrar un 2019 con un sinfín de vertientes me permito externar mi mayor deseo al llegar el 2020: anhelo que se desate la locura.

Sí, la locura. Entiéndase por locura todo aquello que sale de la norma, aquello que deja la alienación para despertar del letargo y ser sí mismo. 

Aquello que deja de lado las imposiciones y los imperativos que le demanda la realidad para emerger lleno de brillo y particularidad desde su realidad.

Deseo la locura de que las calles vuelvan a ser un lugar seguro, que el aborto legal sea una locura y se vuelva una realidad, que la gente se ame sin juicio ni importar su género, que accedan a lo que todos, que las leyes y justicia vuelvan a ser locamente ciegas, que la tolerancia sea implementada y no un ideal, que el transporte público sea de la gente, no del monopolio, que dejen de desaparecer mujeres, que dejen de reclutar chicos para el narco, voluntarios y a la fuerza, que dejen de matar, que dejen de colgar gente, que se persiga la nata de smog, que cierren las pedreras, que olvidemos la corrupción, que dejemos a un lado el acaparar, que dejemos el individualismo, el acumular, la élite, lo fantoche, lo aspiracional, lo machito, lo violento, que le quitemos el estigma a quien busca salud mental en ir al psicólogo, que los servidores públicos lo sean, que el compadrazgo se acabe, que la locura nos haga ver que aquí cabemos todos no importa donde nacieron, que lo que importa no se compra.

Quizá la locura sea un horizonte por seguir y la cordura un mismo lugar, un no avanzar y como pasa con todo lo que salga de lo conocido nos resulta raro, feo, extraño, nos es ajeno y lo extraño lo aborrecemos. Lo excluimos, le huimos, lo queremos eliminar, nos es malo. Quizá un nuevo horizonte nos espera en el 2020 a un costo muy alto que deberíamos estar dispuestos a pagar, al costo de la locura, al costo de ser sí mismos sin sentir culpa, dejar los clichés y las poses para el devenir de una mejor sociedad. Deseo que el amor sea nuestra brújula, que la locura sea el destino utópico con nosotros abordo, padeciéndola y gozándola, esperando que en el camino no nos encontremos un tránsito que detenga nuestro anhelo o que el clonazepam nos despierte.

Juan Antonio Cortés Ramírez

Politóloga. Mi vida está cruzada por la escritura. Soy columnista del Grupo Reforma y dirijo el sitio de opinión Vertebrales.

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