Ángela Ponce, ¿hizo historia?

Los certámenes de belleza no hacen más que vigilar y controlar el cuerpo femenino. En este caso, se construye una nueva categoría: la belleza trans. Así lo llamó un medio estadounidense, al afirmar que Miss Universo ahora la incluyó en su catálogo de participantes como si tratara de un producto nuevo. 

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Mientras esperaba para abordar mi vuelo a Monterrey, escuché decir a quien estaba sentada a mi lado hablando por teléfono: “oye, ¡dile a tus amigas trans que se calmen! ¿Cómo que un vato va a concursar en Miss Universo?”. 

A partir del 2013, el concurso permite la participación de mujeres transgénero. Esto sucedió después de que en el 2012, se descalificó a la representante de Canadá, Jenna Talackova, luego de que se supo que era transgénero. La presión mediática y de grupos de activistas hizo que se revirtiera la decisión y se sentara este precedente. Hoy el escándalo gira en torno a Angela Ponce, una mujer trans que representó a España en el certamen de Miss Universo en diciembre de este año. 

En redes sociales, el tema tomó vuelo. Unos se preguntaron si es legítimo o no que las mujeres trans participen, pues les parece injusto que compitan quienes se han sometido a cirugías plásticas. Leí también muchos comentarios enfrascados en el debate de la naturaleza vs. crianza en la construcción de género. Aunque fueron pocos, encontré algunos comentarios que celebraban el triunfo de Angela Ponce. El sentir es que se está haciendo historia al conquistar estos espacios, al mismo tiempo que la causa LGBT gana visibilidad. Sin embargo, el común denominador en los comentarios es la transfobia y homofobia.

A mi me ganó el escepticismo. Dudo de las buenas intenciones de los organizadores y no me extrañaría que se haya tratado de una estrategia publicitaria. Independientemente de que se esté en contra o a favor de que alguien pueda modificar su cuerpo para que su apariencia corresponda con su identidad de género, o de que estemos de acuerdo en qué nos hace mujeres, lo que pareciera inclusión es prácticamente lo contrario. ¿Hacer historia? En lo más mínimo. 

Los certámenes de belleza no hacen más que vigilar y controlar el cuerpo femenino. En este caso, se construye una nueva categoría: la belleza trans. Así lo llamó un medio estadounidense, al afirmar que Miss Universo ahora la incluyó en su catálogo de participantes como si tratara de un producto nuevo. 

El estereotipo de belleza femenina que se promueve no deja de ser un ideal patriarcal hueco y muchas veces imposible de alcanzar. Para la comunidad transgénero, lo es aún más, puesto que se requiere de tratamientos hormonales y cirugías que para muchas no son asequibles ni deseables. 

No fue tampoco un gesto a favor de la diversidad. No nos olvidemos de quienes no se identifican con ninguno de los géneros binarios y prefieren una expresión de género no normativa. El argumento de inclusión entonces es doble moralista porque acepta mujeres trans siempre y cuando se alineen al canon de belleza normativo. 

Se nos olvida también que el patriarcado se fortalece de la competencia entre mujeres. Hace algunos meses, las noticias fueron encabezadas por Miss Colombia y la ex Miss Universo, Lupita Jones, arremetiendo en contra de Angela Ponce. 

Si lo que se quiere es empoderar a la población trans, habrá que buscar en otro lado. La solución no está en Miss Universo. Al final, es una gran trampa. Estos certámenes de belleza generan más violencia en la medida en la que cosifican nuestros cuerpos y nos convierten en objetos para el goce del otro. 

En muchas ocasiones terminamos usando estos estándares de belleza para medir a la otra y peor aún a nosotras mismas. Así lo aprendí yo, durante mi infancia. No voy a mentir, me fascinaban estos concursos. Me sentaba en el sillon con lápiz y papel en mano, lista para calificar y juzgar la belleza de quien desfilaba en la pantalla. ¿Qué terrible aprendizaje, no?

Hacer historia significaría que estos concursos desaparecieran y que se abrieran más espacios para trabajar a favor de la población LGBT. Hay mucho que hacer, puesto que para lograr la verdadera inclusión se requiere un cambio de fondo, mucho más difícil que ganar un concurso de belleza.

Lorena Siller

Obtuvo la Licenciatura en Humanidades por la Universidad de Monterrey y la Maestría en Estudios de Gènero y de las Mujeres por la Universidad de Austin en Texas. Aunque es regiomontana, radica en Playa del Carmen desde el 2010. Desde el 2006 es profesora de Bachillerato y actualmente prepara un proyecto de empoderamiento para niñas titulado Espacio Púrpura.

8 comentarios en “Ángela Ponce, ¿hizo historia?

  1. La mejor forma de quitarle valor a estos certámenes es enseñar a nuestros hijos que no valen la pena. Como tú, yo me sentaba cada año a ver el concurso con mis papás y apostabamos cuales 10 pasaban, criticabamos las respuestas, etc.
    Si todos dejamos de invitar a nuestros hijos e hijas a ser parte de esta basura, probablemente la siguiente generación la elimine para siempre! Saludos!

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