Amour bicultural

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La Fonte Gaia, en Roma, es una escultura a lo alto del parque Villa Borghese. La obra, de Giovanni Nicolini, muestra a una mujer y a un fauno situados frente a frente y unidos de las manos. En el puente largo que forman sus brazos estirados, hay un niño sentado, cabizbajo. No está claro si el niño es humano o es fauno, aunque en su frente se aprecia el brotar de dos pequeños cuernos. La escultura es de difícil interpretación. La mujer parece sufrir, su cuerpo se arquea hacia atrás como queriendo escapar de aquella unión de cuerpo con cuerpo. Al fauno se le ve concentrado con una ligera sonrisa. El personaje más complejo es sin duda el niño, quien, además de portar la expresión más contrariada, es la manifestación física de una fusión entre dos entidades dispares: un humano y un fauno. Hay algo en esta escultura, quizá la unión íntima de dos seres tan diferentes, que me hace pensar en el biculturalismo de mi propia relación amorosa. Como Nicolini, he aprendido que el amor que deriva de dos seres tan desiguales encarna tanto belleza como complejidad. 

Con la globalización económica vino la diversificación cultural del amor. Se estima que alrededor del 20 por ciento de las parejas que residen en Europa son biculturales. El amor, cuyo concepto atañe a lo familiar y a lo íntimo, parece en nuestros días rebasar fronteras tan intrínsecas a la visión del mundo como son el idioma, la cultura y hasta la percepción misma de lo que es una relación. Psicólogos afirman que las parejas biculturales, en su primeras fase, confrontan un puñado de conflictos operacionales, la mayoría ligados con malentendidos o dificultades de expresión. “Error de atribución”, lo llaman los psicólogos. Y se traduce en momentos imprácticos, como darse cuenta de que soltar un “je t’aime” sería algo apresurado y que el francés no tiene alguna palabra que ofrezca la dulce calidez y ligereza que otorga un “te quiero”, en español. Pero no todos son tiempos difíciles. La psicología asegura que una vez superados los mayores errores de atribución, las parejas biculturales se hacen de una flexibilidad particular. Una facilidad para aceptar y avanzar; una serie de concesiones (en ocasiones percibidas como irracionales), que se hacen en el nombre del amor.

Más allá de la complejidad del romance mestizo y de la aventura que es amar al fruto de otra cultura, lo que encuentro de especial en un amor bicultural es lo que la relación representa en el contexto mundial. Amar sin importar cultura o nacionalidad es un acto que atenúa la soberanía; es un jugar con los principios del ente nacional y la estructuración política del mundo. El biculturalismo es empatía. Un amor que es de aquí pero también de allá, tiene el poder de derribar toda frontera. Vivo a México desde mi piel y entiendo a Francia desde la piel de mi pareja. Kenji, sobrino de mi mejor amiga, nació en el Reino Unido de padre colombiano y madre japonesa. Explicarle a Kenji la definición de una frontera o el historial político de un país en vías de hermetismo será sin duda un desafío. La globalización económica trajo consigo un entrelazar antropológico que los líderes mundiales deberán considerar en la construcción de soluciones de problemas geopolíticos. El muro de Trump, el Brexit y la división de las Coreas, carecen de sentido para quien entiende que el existir en sociedad ya no es meramente territorial; estamos atados al mundo entero en economía como en afectividad.

El amor bicultural no es siempre fácil. En ocasiones se siente ligero y cómico, cautivador. Pero hay días en los que se tiñe de frustración. El amor bicultural es jugar con el alcance de las palabras y hacer peripecias para transmitir significados. Pero amar al hijo de otro mundo es también complicado. Es replantear la idiosincrasia de la nación que nos vio nacer y vivir en la perpetua retrospectiva de lo que se nos inculcó. El amor que se da entre entidades dispares, como la mujer y el fauno, es una apuesta a favor de la elasticidad que caracteriza a la afectividad humana. Inherente al amar está el entender. Y un amor bicultural supone una capacidad de comprensión desmesurada. Y en mundo que vivimos hoy es quizá eso lo que necesitamos con urgencia: una empatía descomunal. 

Mahomed-Ramiro Jezzini

Me expatrié con un cuaderno para en ocasiones escribir de mi regreso. Cuento historias en jezzini.eu

2 comentarios en “Amour bicultural

  1. Maho! Que lindo sentimiento! Al poner el amor bicultural en el contexto del muro de trump y el hipernacionalismo que enfrentamos aqui en el Reino Unido y por toda Europa, me das la esperanza que me ha faltado mucho ultimamente. Por mi parte, estando en una relación bicultural con alguien de una cultura muy pero muy distinta, siento que hacemos mas esfuerzo para entendernos y entender las motivaciones del otro, sabiendo que cada cosa puede tener un significado diferente para cada uno. Pero lo mas sorprendente sigue siendo que tanto tenemos en común a pesar de haber crecido en situaciones tan dispares.

  2. Me encanto ! Muchas felicidades ! No dejes de escribir nunca ni de transmitir tu sentir ! Eres un ser con mucha sensibilidad y transmites fácilmente lo que quieres dar a conocer ! Te quiero mucho Maho

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