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Amor radical

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En el marco del 8M sé que muchas compañeras hablarán sobre los temas politico-sociales que urge cambiar: despenalización del aborto, violencia machista, feminicidios, acoso. También sé que la lucha feminista es de todas, y le abre las puertas a otras cuestiones que se interseccionan con la lucha. Por esto me siento cómoda incluyendo un tema diferente este año.

Alrededor del 2013 me acerqué al feminismo. Durante este tiempo también comencé a aprender sobre la industria de la carne y a cuestionarme si comer productos animales era bueno para ellos y el medio ambiente. Recuerdo que, de alguna manera, no quería ver cómo viven y matan a los animales que comía porque sabía que no habría vuelta atrás. Y así pasó. 

Al final me dejé llevar y abracé la información que había estado evitando. Aprendí que existen correlaciones entre la vida de algunos animales no humanos y humanos. Si bien no los considero como del mismo grupo, sí quiero decir que están arropados bajo la misma ideología de opresión con base en jerarquías. Ambos han sido considerados históricamente como ‘lo otro’, menos inteligentes y más cercanos a la naturaleza que los hombres.

Actualmente, sabemos que el sexismo y el racismo no justifican la discriminación. Similarmente, el especismo es discriminación contra quienes no pertenecen a una determinada especie, tratandoles diferente simplemente porque no son humanos. Pero como ya sabemos, esto sólo es una circunstancia biológica, como nacer de un sexo u otro, o con un color de piel determinado. Negarles respeto porque no pertenecen a nuestra especie es una discriminación arbitraria. A la hora de respetar a los demás, normalmente tenemos en cuenta su capacidad para tener experiencias, disfrutar y sufrir. Por lo tanto, si los animales también experimentan esto, no deberíamos dañarlos. 

El patriarcado y el capitalismo ven a los animales y mujeres como objetos para tomar y controlar: ambos grupos sufren objetivación, control y explotación por sus habilidades reproductivas. En el caso de las vacas, son obligadas a producir leche especialmente para el consumo humano y no para sus crías, que son separadas de ellas al momento de nacer. Bajo este régimen, pueden llegar a producir 12 veces más leche que la cantidad que normalmente producirían para sus crías.

Hay mujeres a las que también se les controla reproductivamente, limitando la cantidad de hijas e hijos que desean tener, y en algunos casos, esterilizándolas. En otras ocasiones, se les obliga a continuar con embarazos no deseados bajo políticas públicas retrógradas. Asimismo, existen estudios que comprueban que la violencia doméstica hacia la niñez y mujeres tiene su inicio en el maltrato hacia los animales. Si entendiéramos el espectro de violencias machistas hasta este punto, la crueldad hacia los animales debiera de ser un problema que nos concierne a las feministas.

En su libro The Sexual Politics of Meat, Carol J. Adams argumenta que comer animales participa en prácticas patriarcales de objetivación y que el patriarcado sistemáticamente violenta a esos que objetiviza. Es por esto que el feminismo contiene inherentemente una crítica no solo del sexismo sino también del especismo.

La importancia de cuestionar al patriarcado todos los días no es exclusivo de mis experiencias. Creo que no he sufrido como muchas otras lo han hecho. Para mi, el valor de querer derribarlo es a través de observar cómo el patriarcado atraviesa a las otras mujeres que me acompañan en el mundo. Por consecuencia, si sé que no solo yo soy capaz de sufrir ¿por qué no habría de considerar que otros seres sintientes también sufren?

Quisiera que, en en el marco del 8M y tiempos de urgencia climática, no dejemos de cuestionar nuestra compasión con otros seres vivos y el planeta. No dejemos de voltear hacia adentro y continuemos practicando la sororidad, el amor radical y la ética del cuidado, no solo hacia nosotras, sino hacia otros cuerpos sintientes. Porque al final de todo, y como dice Carol J. Adams, el feminismo es una filosofía transformadora que exige la mejora de la vida en la tierra para todas las formas de vida, no solo la nuestra.

Elisa Ontáñez
Me gustan las ciudades, leer y tomarle fotos a lo mundano. Soy diseñadora y me enfoco en espacios más incluyentes y temas de género. Soy feminista @eotanez