Ahora las telenovelas van por Instagram

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 Todos conocemos ahora como terminó la novela de EPN y La Gaviota, pero al inicio nos mantuvo al pendiente de la pareja presidencial; fue de la misma manera, pero sin saberlo conscientemente, que empezamos a consumir desde nuestros celulares, la novela de Samuel García y Mariana Rodriguez.

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El miércoles 29 de mayo, las redes sociales en Monterrey explotaron: Samuel García, senador por Nuevo León, y Mariana Rodríguez, influencer, se comprometieron. Dos de los personajes más populares en redes sociales de la ciudad, decidieron unir sus vidas, generando una gran cantidad de contenido (involuntario, según García), que inundó nuestras pantallas verticales. Contenido que asemeja, en gran medida, a las escenas que veíamos en las telenovelas.

Las telenovelas son, probablemente, la forma más exitosa de comunicación en esta bendita tierra que compartimos y llamamos México. Por décadas hemos visto diferentes historias que han cautivado nuestras mentes y corazones. Desde el siglo pasado hasta la primera década del presente, Televisa ha sido la campeona de la narrativa de la redención en las novelas. Existen incontables historias que se repiten una y otra vez, cambiando algún detalle, algún concepto o locación y por supuesto, el elenco. La chica trabajadora, más bien pobre, alcanza la salvación al quedarse con el galán protagonista, el heredero de medio universo mostrado en la pantalla. Después de luchar el clasismo y la discriminación que ejercía el circulo social del galán sobre la joven y bella muchacha, ella lograba derrotar a sus enemigos con base en coraje, fuerza y las buenas costumbres que le inculcaron de niña, porque era pobre pero honrada.

Televisa vio la cumbre del éxito de esta narrativa en los 90, con la trilogía de Marías, interpretada por Thalía. Sus novelas fueron traducidas a diferentes idiomas y transmitidas por todo el mundo (ésta es la razón por la que Rumania ama a México). Casi treinta años nos separan de esa época, tiempo suficiente para que las cosas hayan cambiado, ¿verdad? Lamentablemente no es así. Aunque recientemente Televisa ha tenido más fracasos que aciertos en la pantalla, tuvo una última novela exitosa y de alto impacto, la cual no sucedió en los sets de Televisa San Ángel, sino en la vida real: me refiero a la campaña de Enrique Peña Nieto (EPN) y su relación amorosa con Angélica Rivera.

Todos conocemos ahora como terminó la novela de EPN y La Gaviota, pero al inicio nos mantuvo al pendiente de la pareja presidencial; fue de la misma manera, pero sin saberlo conscientemente, que empezamos a consumir desde nuestros celulares, la novela de Samuel García y Mariana Rodriguez. La productora de la telenovela ya no es Televisa, es una agencia de marketing; el horario ya no es el prime time, es durante todo el día; los episodios ya no duran una hora, ahora se transmiten sin cortes comerciales (porque ahí están integrados) y son de 15 segundos; ya no es por el canal de las estrellas, ahora es por Instagram.

Recientemente, he tenido el privilegio de aprender, de diferentes maneras, cómo se cuentan nuestras historias en diferentes lugares: en un periódico, en internet, en las organizaciones que llamamos empresas o trabajo e inclusive, dentro de nuestras propias familias. Estoy estudiando las diferentes narrativas y cómo impactan en nuestro día a día. Pocos podríamos voltear a ver, para analizar con seriedad, el esquema narrativo que representa la telenovela; la influencia de éstas, junto con los idealismos que proyectan, han modelado al colectivo social, modificando las expectativas de la población con influencia en aspectos tan importantes de la vida pública, como lo es elegir a nuestros representantes. Se nos ha relegado a un papel de “espectador” donde cada ciclo electoral, presenciamos la capirotada de contenido que son las campañas políticas, donde se nos presentan narrativas comunes, que cuando se llevan a la realidad, ya no son suficientes para resolver los problemas actuales.

Hago un llamado al senador Samuel García: basta de emular modelos, que si bien se probaron exitosos, no corresponden al discurso innovador que manejas. Necesitamos nuevas narrativas, nuevas ideas que nos sorprendan, que nos tomen de la mano y nos impulsen a volar; necesitamos ideas que nos evolucionen, no que simulen; ideas para crecer, no para entretener.

Ángel Javier Vázquez

Doy mi opinión, aunque ni me la pregunten. Estudiando ingeniería, me dijeron que podía ser factor de cambio y me la creí. Aude Aliquid Dignum.