A mis hijos

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Quisiera decirles tantas cosas que les pudieran ayudar en su madurez, como que la crianza de un hijo es una tarea ardua, que puede ser el mayor reto, pero también el mejor camino de desarrollo personal si lo motivamos desde el amor hacia ustedes, nuestros hijos.

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“Nadie nace sabiendo cómo ser padre o madre”. Esa es una de las frases más dichas o escuchadas por quienes nos ha tocado la dicha o la fortuna de ser padres, que muchas veces suena como a una justificación cuando no sabemos cómo actuar en tal o cual situación. La vida no es perfecta, ni justa.

Antes que nada, quiero contarles como llegue a ser lo que soy ahora, o al menos tratar de explicarme. Fui el décimo de una familia como cualquier otra, como dicen, una familia de las de antes. Donde había siempre muchos hermanos y primos cerca y la convivencia era de una manera más personal. Con momentos buenos y momentos malos, con algunas carencias resultado de la muy temprana viudez de mi madre, su abuela. 

Mi educación no fue muy distinta a la que actualmente reciben ustedes los jóvenes de ahora por parte de sus padres y de sus maestros, las épocas cambian y también los avances tecnológicos son muchos, pero educación es educación. No quiero dejar de mencionarles que hubo muchos sacrificios para poder llegar a donde ustedes me ven.

Quisiera decirles tantas cosas que les pudieran ayudar en su madurez, como que la crianza de un hijo es una tarea ardua, que puede ser el mayor reto, pero también el mejor camino de desarrollo personal si lo motivamos desde el amor hacia ustedes, nuestros hijos. Que un buen padre o madre es la persona que continuamente se desarrolla como ser humano para entregar lo mejor para el crecimiento de sus hijos y no es, necesariamente, quien hace todo correcto, eso no existe.

También quiero decirles que me gustaría tener la habilidad de saber escucharlos más y mejor, no solo de forma verbal o con los mensajes que nos enviamos diariamente, sino saber cómo identificar a tiempo lo más importante, que es aprender a escuchar sus gestos, estados de ánimo y emociones. Y comunicarnos no desde el sermón o llamada de atención, sino desde los espacios físicos de la unión, comprensión y entendimiento mutuo.

Quiero que sepan que para mí son especiales, solo por el hecho de ser mis hijos. Desafortunada o afortunadamente, no hacen lo que dicen los libros y los manuales de los padres, porque ustedes son genuinos, nos sorprenden cada día y lo mejor que podemos hacer es conocerlos. Tratamos de darnos cuenta cuáles son sus peculiaridades, qué los motiva, qué los hace sentir bien, qué los tranquiliza, que los ayuda a tener un mejor dormir.

Me gustaría mucho que se sintieran con la confianza suficiente para poder compartir con su madre y conmigo, incluso con sus abuelos, sus alegrías y sus anhelos. Y que supieran plenamente que nosotros siempre estaremos para apoyarlos en todo lo que esté dentro de nuestro alcance y algunas veces más allá. Que se sientan amados y protegidos, porque representan lo más valioso en nuestras vidas, un amor incondicional, y un apoyo infinito que los acompañará en cada decisión que tomen, en cada viaje que emprendan, donde no esperamos que sean perfectos, sino felices.

Termino por decirles que sea cual sea el camino que ustedes elijan como profesión u oficio, cuiden su manera honesta de vivir y la relación con su futura pareja. Siempre estaremos ahí, cerca, deseándoles el mayor de los éxitos. Casi estoy seguro que lo mejor para un hijo es el cariño, apoyo, presencia cercana y percibida cada día. 

Atentamente,

Su padre que lucha y trata cada día por ser mejor.

Miguel Angel Pinal

Mi esposa dice de mí que soy alegre, alborotador, divertido, soñador, trabajador, excelente conversador, buen hijo, excelente esposo y padre... y yo digo que soy respetuoso de las formas y los fondos, seguidor de la política nacional desde niño. Padre, esposo, amigo. De oficio, constructor.