A jalar que (no) se ocupa

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Es más, como regio echado pa’ lante no necesitas que te exploten pues tú solito te explotas. Los medios y los productores de intereses ya definieron cómo es el éxito, solo te falta llegar a él, jalando mucho, claro. Según un filósofo surcoreano, Byung-Chul Han, lo que caracteriza a los sujetos de este siglo es precisamente la capacidad de autoexplotarse para alcanzar un ideal de éxito que no existe.

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Un jardinero en una ocasión me platicó, lleno de orgullo y dignidad, que su padre trabajó en la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey por más de 40 años, sin faltar o llegar tarde ni un solo día. Ya anciano, la Fundidora le honró con una constancia y las gracias. Vivió sus últimos años, junto a sus dos hijos, en un antiguo gallinero en el Cerro del Topo Chico, como velador.

El regio es jalador, industrioso, responsable, decimos con orgullo. El regio no falta al trabajo los lunes, es echado pa’ lante, tiene “cultura del trabajo” (por si acaso, el domingo no hay venta de cerveza después de las seis). Así justifica la carnita asada del fin de semana con los compadres, la ida al antro el sábado o la vueltecita a la Presa de la Boca con la familia. A jalar que se ocupa es el slogan neoleonés de los últimos años.

A jalar con todo y la contaminación, el tráfico, el caro y pésimo transporte público, a jalar, que se ocupa. Si te metes ocho horas de jalón en una maquiladora para que te paguen el salario mínimo y “las prestaciones de ley” o si tienes trabajo las 24 horas a través de la laptop, estate orgulloso, que eres regio y jalador.

Es más, como regio echado pa’ lante no necesitas que te exploten pues tú solito te explotas. Los medios y los productores de intereses ya definieron cómo es el éxito, solo te falta llegar a él, jalando mucho, claro. Según un filósofo surcoreano, Byung-Chul Han, lo que caracteriza a los sujetos de este siglo es precisamente la capacidad de autoexplotarse para alcanzar un ideal de éxito que no existe. En su libro La sociedad del cansancio, escribe que el sujeto tardomoderno está enfermo de hiperactividad, sufre infartos neuronales, habita en la depresión emanada de la decepción del contraste entre el “yo ideal” y el “yo real”.

Los regios, creo yo, encajamos perfectamente en ese modelo de sociedad que Han llama “sociedad del rendimiento” y que finalmente termina por convertirse en “sociedad del cansancio o burn-out”. Es de regios mirar con sospecha todo lo que no sea productivo, como el arte y la cultura, por ejemplo.

El colmo está cuando el regio llegó al límite de levantarse todas las mañanas, como autómata, al aire irrespirable para irse a jalar; cuando se gasta un tercio del sueldo en transporte y los otros dos tercios se los bajan a punta de navaja en el camión. Pero nada de eso importa, pues jalando se soluciona todo. 

Para el gobernador, por ejemplo, solo basta con que nosotros jalemos para que se solucionen los problemas ambientales, de violencia, de movilidad urbana, etc., cuando, por cierto, si él y sus antecesores hicieran su jale, no tendríamos esos problemas en primer lugar.

No estoy haciendo una apología al ocio o a la holgazanería, simplemente pienso que como regios podemos y debemos definirnos más allá del trabajo. Creo que la cultura “emprendedora” o “industrial” regiomontana no es útil ni acorde con el panorama actual. Y creo que, si ya dedicaste tu vida a trabajar precariamente, de manera formal o incluso informal, mereces algo más que una constancia y las gracias. 

Como regios tenemos que hacernos a la idea de que la dignidad no reside sólo en el trabajo, sino en la vida en general. Y si bien, el trabajo puede ser dignificante –  a jalar que se ocupa –, tenemos que ocuparnos antes de muchas otras cosas que nos afectan como ciudad y como sociedad.

Maximiliano García

Es licenciado en Filosofía y Humanidades. Escritor aficionado y poeta amateur. Sus intereses varían desde la filosofía política hasta el arte y el estudio histórico de las religiones