Carta a mi hermanita en bicicleta

¿Cómo decirte que no te movieras en bicicleta si yo lo hacía? ¿Cómo no preocuparme si te viniste a vivir a la ciudad en donde más personas mueren en siniestros viales en todo el país?

Por |
Compartir esta nota:
Facebook
Twitter
Google+
WhatsApp

Fui muy feliz cuando supe que sí te venías a vivir a Monterrey. Me emocionaba compartir todo contigo después de nueve años viviendo en lugares diferentes. Aunque nunca ha sido mi ciudad favorita, quería enseñarte todo lo bueno que había encontrado aquí. Tenía poco más de dos años moviéndome en bici, pero, inconscientemente, no fue algo que quise que conocieras tan pronto. Ahora que lo pienso, puedo entender perfecto por qué.

Cuando supe que comprarías una bicicleta tuve sentimientos encontrados. No había sido yo la que te introdujo al mundo del ciclismo urbano en Monterrey, sino uno de los muchos grupos que ruedan, no precisamente por deporte, cada semana en la ciudad. Por otro lado, me llenaba de orgullo que te animaras a experimentarla de otro modo, aunque me inundaba un miedo a perderte. ¿Cómo decirte que no te movieras en bicicleta si yo lo hacía? ¿Cómo no preocuparme si te viniste a vivir a la ciudad en donde más personas mueren en siniestros viales en todo el país?

Aunque al inicio tus recorridos eran cortos cuando ibas sola, y un poco más lejos al ir en grupo, naturalmente encontraste la libertad de movimiento en la ciudad que te dan dos pedales. Ahora vas cada vez más lejos. Cuando te pregunto hasta dónde fuiste y qué calles usaste, a veces te regaño por rodar en Garza Sada o Revolución. Lo hago por evitar que te arriesgues más, aunque te entiendo, ¿por qué no usar esas calles si te llevan por el camino más corto, si son las mejor pavimentadas?

Y es la misma preocupación la que me hace reclamarte cuando sales sin casco o veo que no traes suficiente luz, aunque sé que no importa lo mucho que te cuides ni lo resistente de tu casco, o que circules por el carril derecho de la calle y respetes todas las señales, eso no es lo que te va a salvar en un atropello sino reducir la velocidad a la que van los autos. Pero mientras no haya una intención real para resolver el problema, de desempolvar e invertir en esos planes ciclistas que hay para la ciudad, tengo que encontrar formas para que te des cuenta del peligro al que te arriesgas sin pedirte que dejes de hacerlo.

Cada vez me cuesta más reponerme del sobresalto al saber de un atropello ciclista, y más si es cerca de donde te mueves; son tan pocas las probabilidades de sobrevivir que el corazón se me detiene y ruego que no seas tú; te escribo casualmente para asegurarme que estás bien. Cada bicicleta blanca colocada en memoria de ciclistas que han muerto en la calle es un recordatorio doloroso de que sigues sin estar a salvo, de que tan solo este año van ocho muertes así.

Pero no todo es malo, cada vez me gusta más compartir también eso contigo, rodar juntas y recorrer las calles platicando lado a lado, siendo la más precavida para que también tú lo seas cuando vayas sola, darte la seguridad de que ese espacio también es tuyo, aunque ningún letrero lo diga, aunque pocos automovilistas lo respeten, aunque no esté diseñado para ti.

Por mi parte seguiré moviéndome en bicicleta, por en medio del carril, y reclamando ese espacio público que es tan de nosotras como de quien se mueve en auto. Seguiré exigiendo seguridad desde todos los frentes: diseñando mejores calles, evidenciando el problema, escribiendo para que más personas lo entiendan. Lograr que cada vez que sales a rodar, sea menos probable perderte solo porque te mueves en bici. Ahora tengo mucho más que perder.

Sheila Ferniza

Arquitecta por formación, urbanista por profesión, ciclista por convicción. Me enojo más de lo quisiera, viajo menos de lo que me gustaría. Amo las quesadillas, la nieve de vainilla y los atardeceres en el mar.

3 comentarios en “Carta a mi hermanita en bicicleta

  1. Sheila. Buenos días. Te recuerdo como compañera del taller que nos impartió Ximena hace unos meses. En ese taller se trató el caso de un accidente donde atropellaron a un ciclista y a su hijo pequeño.
    EL día de hoy estoy muy conmovido. En la mañana cuando salí a caminar como a las 7:10 me tocó ver un ciclista muerto al término de un puente. Recién había pasado, solo estaban unos policías bloqueando la calle y el ciclista tendido en el piso ya sin vida. Su bicicleta hecha un pequeño nudo.
    Ahora me encuentro con tu artículo y me remueve más las emociones y me llena de impotencia. Admito tu valentía, y te recuerdo llegar al taller en tu biciclete. Tengo 3 hijos que se transportan en bicicleta y mucho temor. De pronto siento mucho la violencia de los conductores por todos lados, ya que soy un caminante de calles a diario. Es grande tu apuesta. La vida va de por medio, pero es lo que necesitamos, no estoy seguro si valga la pena, creo tu si.

  2. Hola Federico, muchas gracias por tus palabras. Te recuerdo con afecto. Sin duda una experiencia dura la que viviste hoy. Comparto tu temor, mi forma es la resistencia y la insistencia, tampoco sé si valga la pena, pero no conozco una mejor manera. El texto una forma de recordar, de no perder de vista entre tantos datos y normalización de la violencia vial, que cada muerte duele, que ninguna es menos importante.

Deja un comentario